jueves, 7 de noviembre de 2019

La voz calladita

Venga, admitiré esto en público (si a una TinyLetter dirigida a pocos suscriptores se le puede calificar de "decir algo en público"): tengo la voz callada. De siempre he tenido cierto miedo a expresar mi opinión sobre ciertos temas y es por esto que me refugio aquí, en las teclitas. Siempre lo visto de "no, es que me encanta escribir"; que me encanta, pero también me ayuda a dar salida a opiniones que de lo contrario se quedarían durmiendo el sueño de los justos (yo me pregunto, ¿quiénes son estos justos que duermen como ceporros?).

Tengo ya una edad en la que CAMBIAR, con mayúsculas, es complicado; me contentaría con cambiar con minúsculas, un poquito, un regatito. Suelo callarme las cosas para no perturbar a mi interlocutor, para no aguantar una réplica que no sepa contrarrestar, para no ir a la contra (y suelo ir a la contra, por muy establishment que parezca todo mi ser). Estoy un poco hasta los huevitos de no incomodar, de ser respetuoso hasta el acojinamiento (dícese de ponerte un cojín debajo del culete para que estés cómodo, no confundir con acojonamiento, que es lo que provoca que no hable).

En fin, que es tarde y no quiero indagar más en mi psique de lo que lo estoy haciendo, tan solo quería deciros que uno de mis propósitos de año nuevo va a ser meterme en más fregaos verbales. A ver si empiezo a actuar conforme a mi edad y, cual viejo que se cuela en la marquesina del autobús porque ya SE LA SUDA TODO, empiezo a decir lo que quiero decir.

Y no solo a escribirlo.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El Irlandés (sí el de Scorsese)

A la hora de hablar de El Irlandés, porque hay que hablar de El Irlandés, podría centrarme en lo bien que está hecho el rejuvenecimiento por ordenador de los actores (creo que nunca he visto esta técnica mejor usada –leed este excelente artículo para saber el currazo que ha llevado-), quizá en lo pesados que se pusieron los cinéfilos con “si no aguantas más de tres horas viendo una peli es que eres lerdo” (mucho más interesante, me parece a mí, es preguntarse si la historia de Frank el Irlandés necesitaba tres y horas media para ser contada…); o tal vez en el puesto que ocupa la cinta en el ranking particular de Martin Scorsese (pese a que me ha gustado, no me parece mejor que Uno de los nuestros, El lobo de Wall Street, Taxi Driver, etc.). Sin embargo, me voy a centrar en otra cosa, una pequeñita y que ha necesitado de unas cuantas décadas para que la aprecie: Joe Pesci.

Este señor, que apareció en mi vida en Arma Letal 3 y al que sentí la necesidad de asesinar desde el primer fotograma, me parece lo mejor de El Irlandés con diferencia. De Niro y Al Pacino están bien, claro, pero… ¿hacen algo distinto de lo que han hecho siempre? Es sorprendente la interpretación reposada, reflexiva, casi taciturna que entrega Joe Pesci; tan soberbia que casi me hace desear que la película se hubiese llamado El amigo del Irlandés y que el foco le hubiese iluminado a él todo el rato. Solo por su maravillosa interpretación ya me ha merecido la pena ver El Irlandés, de la que, no puedo negarlo, esperaba un poquito más.

También he visto Marriage Story y, por supuesto, tengo que hablar de Marriage Story (si no hablas de estas dos películas creo que te cierran las cuentas de Twitter y de TinyLetter). Esta me ha gustado un poquito más, me ha llenado un poquito más. La anterior peli que vi de Baumbach (una de Naomi Watts y Ben Stiller intentando seguir siendo jóvenes y cool) ya me dejó buen sabor de boca con su historia interesante, dramática, pero metida con cucharaditas de humor. Esta historia del matrimonio me confirma lo apuntado entonces; me encanta como este hombre deja destellos de humor, apuntes casi absurdos, rematando secuencias aquí y allá. Le da un estilo personal muy interesante. Pero más digno de alabar que esto es esa mega-bronca de la pareja protagonista de unos ¿siete minutos? que acaba con los dos personajes rotos y pidiéndose perdón por las burradas que se han dicho el uno al otro. Una secuencia demoledora que, cada vez que necesitaba de una nueva toma, debía iniciarse desde el principio debido al calentamiento gradual de ambos en la discusión. Es por cosas como estas por las que admiro a los actores… la mayor parte del tiempo. ¿Te atreverías a exponerte entero (enterito, desde el dedo gordo del pie hasta el extremo más recóndito de tu alma) solo porque es lo que pone en unas hojas que se ha imaginado un señor? Por cierto, un monumento ya para Laura Dern (me encanta cuando llega absolutamente emperifollada a su primer encuentro con Scar-Jo y le pide disculpas por presentarse “con estas pintas”, jajajaja).

Y, mirad, ahora mismo no tengo tele en casa, no puedo hacer zapping. El único canal que tengo es Netflix. Y veo lo que ponen. Cuantos más Irishmen y Marriage Stories pongan, mejor. Lo de rebuscar en su reverso tenebroso es divertido pero para un rato, prefiero caminar la mayor parte del tiempo viendo por donde piso.

PD. No quiero ni debo olvidarme de otro ejemplo maravilloso de concreción interpretativa en The Irishman, la de Anna Paquin en sus escasos minutos en pantalla. Crack absoluta.
  • En cosas que he escrito últimamente, en Brenda Forever he comparado el remake de El Padrastro con su versión original, he hablado de una película de Nicolas Cage QUE NO ESTÁ NADA MAL (¡en serio!) y me he sacado de la manga un Abecedario Teenager (para el adolescente de ayer).
  • En lecturas provechosas, toca especial Irlandés. Lo que he apreciado de Joe Pesci (contención), se lo reprocho a la narración de The Irishman (¿dónde está el rock and roll que le mete Scorsese a las historias de gángsters?). En este estupendo artículo, Christina Newland afirma que el toque “glacial” es voluntario, que la intención de Marty es desmitificar un mundo que glorificó en el pasado y que esta es, de hecho, su despedida del género. ¿Será verdad?
  • Este texto de The Guardian se arremanga y discute el final de la película, las motivaciones de ciertos personajes y qué es real y qué no en la peli (y en el libro de Charles Brandt). Muy recomendable si, como a mí, os gusta masticar las películas un buen rato.
  • Cuentan aquí que más de 26 millones de personas (bueno, “hogares” donde puede haber más de una) han visto El Irlandés en su primera semana y se espera que al menos 40 lo hayan hecho antes de acabar el mes. ¡Va como un tiro, ese Irishman! Es más bien un Rocket Man. Eso sí, “ver” significa para Netflix haber aguantado al menos el 70% de lo que dure la peli o serie en cuestión. Comparada con Bird Box, la de Sandra Bullock con una venda en los ojos, esta hizo mejores números: 35 millones en su primera semana y 80 al final de mes.
  • Por cierto, no sé si el especial “A conversation”, con el director y los actores protagonistas, aparece en Netflix solo después de ver la película entera (a modo de “premio desbloqueado” una vez has aguantado las tres horas y diecinueve minutos sin créditos que dura The Irishman), pero es muy recomendable en cualquier caso. Lo que más me llamó la atención es cómo los actores debían modular sus movimientos en función de la edad que tuviera su personaje en esa escena en concreto (Scorsese cuanta cómo Al Pacino en una escena se levantaba como un tipo mayor de los 39 años que en teoría tenía Jimmy Hoffa en ese momento y que a esa edad uno se levanta del sofá con un poco más de energía…).
  • Y no quiero abandonar el tema del Irishman (vaya, Juan, para no haberte encantado, no dejas de hablar de la película…) sin hacerme un recordatorio a mí mismo: localizar y ver la peli sobre Hoffa de los 90 protagonizada por Jack Nicholson, escrita por David Mamet y dirigida por… ¡¡Dany De Vito!!
  • De Marriage Story os dejo dos artículos publicados en Vulture: la entrevista con la estrella indudable de la película, Laura Dern; y la entrevista con la Laura Dern real, es decir, la abogada que inspiró el personaje que interpreta Laura Dern. Voy a escribirlo otra vez: LAURA DERN. Oh My.

martes, 5 de noviembre de 2019

El irlandés (no el de Scorsese)

 Llegué el otro día de vuelta a Dublín tras pasar unos días en Barcelona. La cantidad de comida que ingerí es... cómo decirlo... ¿cuánta comida necesitan los gorilas en todo un año? Pues el doble. En menos de una semana. Pero no quería hablar de eso, sino del peculiar, noble e irritante modo de ser del irlandés. Estábamos en que había vuelto de Dublín y, tras pegarme casi una horita en el autobús que va del aeropuerto al centro de la ciudad, ahora me tocaba mi tercer viaje del día: el del segundo autobús, el que me llevaría del centro de la ciudad a Park West, la suerte de polígono industrial-barrio falso donde vivimos, que limita con uno de los peores barrios de Dublín, Ballyfermot. El autobús habitual que cogemos para ir a casa, el 79 o 79a, es famoso por sus retrasos o desapariciones; por cualquier cosa menos por su puntualidad, vamos. Pues eso, allí estábamos yo, con mi maleta y mochila (10 kilos en la maleta y unos cinco en la mochila, iba cargadito) recién llegado a la parada y con ganas de llegar a casa y sentarme en un sofá y tocarme los pies y disfrutar del hecho de que ese día no tenía que ir a trabajar (siempre motivo de celebración); y un montón de irlandeses que, a juzgar por sus caretos y rebufos (¿es rebufos una palabra?), llevaban esperando unos 15 minutos (luego escuché a un chino rajando con un colega y parece ser que la espera era ya de casi media hora... para un autobús en el centro de la capital de Irlanda). En fin, que los ánimos estaban "a flor de piel" (in flower of skin) y la gente estaba que se subía por los paredes (de hecho, este podría ser el nacimiento de Spider-Man y no lo de la araña radiactiva, Peter Parker sencillamente no podía soportar más retrasos del autobús y su cuerpo tenía que sacar toda esa ira de alguna forma). El momento cumbre, cuando toda aquella caterva (¿?) de gente estaba dispuesta a estallar, fue cuando no uno, sino DOS autobuses llegaron a la parada, aparcaron, volvieron a arrancar y se marcharon sin recoger a un solo pasajero ("fuera de servicio"). Allí solo faltaba una mecha para el BOOM!

... Pero hete aquí (E.T. here) que, de repente, llega un tercer autobús que en lugar de recoger pasajeros aparca, apaga el motor y el conductor se baja y se pira. Yo quería atravesar una de las ventanas del autobús, agarrar el trozo de cristal más afilado, y segarme el cuello allí mismo. Pero no. Lo que ocurrió fue que una gaviota se posó justo encima del autobús, como mirando al horizonte, y una voz gritó de entre la multitud:

- Look, the seagull is going to take the bus!

La peña SE MEABA. Todos los irlandeses, en su infinita inocencia y borreguidad, comenzaron a DESORINARSE. Y allí ya no había nadie enfadado. Nada ocurría, nada pasaba. No existían autobuses, ni retrasos, ni hartazgos. Todo era sencillo, directo, amable, relajado, un "go with flow" que hace del irlandés una persona entrañable. Y a la que veces me encantaría darle una bofetada.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Cosas raras

Lo primero que quiero hacer esta semana es pedirte perdón por la Notita en clase de la semana pasada. Recibí una pregunta de si el email publicado en la TinyLetter era un mensaje real que había recibido yo en mi correo personal y también he visto que ha sido la Notita menos abierta de todas las enviadas hasta ahora (TinyLetter te ofrece datos de "número de aperturas" y esta ha sido, con diferencia, la menos abierta y, por lo tanto, leída -muchas veces será abierta y borrada sin ni siquiera ser leída, correcto, pero es literalmente imposible no abrirla y poder leerla-). Así pues, supongo que una aclaración por mi parte es necesaria: lo que repiqué (no sé muy bien si existe esta palabra) como TinyLetter la semana pasada no era sino un email que recibí en mi trabajo. Ese tipo de emails, de príncipes nigerianos pidiendo ingresos o hackeadores "profesionales" que te intentan chantajear, se suelen borrar (o "completar", en el absurdo lenguaje tecnoestúpido de mi trabajo) sin más miramientos. Pero en esta ocasión me quedé a leerlo hasta el final, me hizo "gracia", y decidí que como lectura en el metro, el autobús o en el baño (o donde quiera que leas estas Notitas) sería cuando menos entretenida. Parece ser que, más que "gracia", lo que provocó un email raro sin ninguna explicación previa por mi parte fue cierta inquietud. Y no te culpo, oye, en estos tiempos prevenir es curar, así que creo que hiciste estupendamente si lo borraste directamente. La próxima vez que haga algo así pondré unas líneas aclaratorias.

Hablando de cosas raras, como reenviar un email de spam a mis subscriptores personales porque me parece "gracioso", lo cierto es que este es un género que trabajo habitualmente. El de las cosas raras. Siempre he sido bastante raro y, pese a mis múltiples peticiones a Dios (como cuando Joey le pidió no cumplir más de 30 años), la rareza nunca ha abandonado mi cuerpo. Supongo que hay señores que te pueden exorcizar y sacarte al demonio del cuerpo pero ¿rarezas? No, esas no te las podemos sacar, muchacho. De todas formas, nunca he deseado que la rareza abandonara TOTALMENTE mi cuerpo. ¿Ser más normal? Me hubiese encantando. ¿Ser completamente normal?... Nah, déjame un poquito de la cosa rara. La rareza en mí nunca ha sido vista con desprecio, si acaso con incomprensión. Esto viene a cuento de una entrevista que le hacen en El País a Juan Carlos Ortega, el locutor y humorista de la SER, donde le preguntan por esto de ser raro. Creo que más o menos podría compartir su respuesta:

- Esa vocación de parodiar le viene de esa infancia solitaria. ¿Lo consideraban raro?
- Sí, sí, siempre he sido el raro, definido como tal. Pero nunca me preocupó. No he tenido una infancia triste ni me sentía mal. Creo que sentirse raro es compatible con sentirse bien. En ningún momento sufrí. Tampoco había mala leche o mala fe en mis amigos ni en la gente que me veía así. Se me aceptaba. No tuve una mala infancia, pero sí que era raro.

Os recomiendo que paséis por el aro y os acabéis haciendo la dichosa cuenta para leer los "artículos bajo registro" (solo quieren tu email para spam, no te cobran) porque la entrevista merece mucho la pena; por ejemplo, lo que dice sobre tener un hijo es justo lo que quiero yo. Pero volviendo a su respuesta sobre "ser raro", pues eso, que mola mucho no renegar de lo que es uno. Los raros unidos jamás serán vencidos. Salvo en el patio de un colegio de los 90. Ahí fuimos masacrados.
  • En cosas que he escrito (si no me hago autoBOMB en mis propias epístolas electrónicas o e-pístolas, dónde lo voy a hacer), os cuento que en Brenda Forever he recuperado la sección Programa doble donde recomiendo combos peliculeros o seriéfilos, como por ejemplo los de Ouija: El origen del mal/Doctor Sueño o el de Vice Principals/Luce; también he recomendado otras dos películas dark de Netflix como son Teen Witch y The Domestics; me he venido arriba deslizando cinco sugerencias para el reboot de Pesadilla en Elm Street; me he tomado el tiempo que Keanu Reeves se merece para analizar la película Réplicas y he hecho un revisionado (a fondo, ojo, sacando pantallazos y todo) de la primera Los Ángeles de Charlie del inefable McG (también hablé de la segunda parte hace unos meses).
  • No quiero recomendaros ningún artículo de los que he leído últimamente, sino contaros que he enmendado un gran error. Veréis, adoro las revistas y siempre procuro estar atento a cualquier novedad en los kioscos (o, más concretamente, en las secciones de revistas de las tiendas y grandes superficies, que kioscos en Dublín... pocos). Hace tiempo me fijé ya en Hot Press, todo un clásico dublinés e irlandés sobre la música (iba a escribir "sobre la escena musical" pero quedaba demasiado "texto de revista", jajaja). Siempre me ha interesado Hot Press, por diseño y por historia, pero como de música estoy pez pues nada, algún número suelto con lo mejor del año y ya. Iba a comprar el número 1000 de la revista hace cosa de un mes y lo dejé pasar porque... pues no sé muy bien porqué, para no gastar, que parezco una tragaperras de esas de películas cuando toca el premio, expulsando monedas non-stop. Bueno, pues me arrepentí de no pillarla porque al ser un número histórico quería tenerla (yo soy muy friki para estas cosas... bueno, y sin el "para estas cosas"); y la he terminado comprando en un cutre Spar con su pegatina del precio encima de la foto de U2 (han sacado portadas distintas con varios artistas -inicialmente me iba a pillar la de Madonna como un rookie... afortunadamente en el Spar solo quedaban de U2, banda irlandesa en la portada, como Dios manda). Aún no he leído la revista, sólo la he ojeado (el primer placer del lector de revistas, el ojeo -y el hojeo- febril), pero ya os digo que por muy pez que esté en música ha sido un acierto total haberme hecho con ella. Este "hecho" lleva "h", ¿verdad? ¡Hasta la semana que viene!

viernes, 1 de noviembre de 2019

Email recibido en mi trabajo (ojo a lo destacado en amarillo)

Hello!

I am a hacker who has access to your operating system. I also have full access to your account.

I've been watching you for a few months now. The fact is that you were infected with malware through an adult site that you visited.

If you are not familiar with this, I will explain. Trojan Virus gives me full access and control over a computer or other device.
This means that I can see everything on your screen, turn on the camera and microphone, but you do not know about it.

I also have access to all your contacts and all your correspondence.

Why your antivirus did not detect malware? Answer: My malware uses the driver, I update its signatures every 4 hours so that your antivirus is silent.

I made a video showing how you satisfy yourself in the left half of the screen, and in the right half you see the video that you watched.
With one click of the mouse, I can send this video to all your emails and contacts on social networks.
I can also post access to all your e-mail correspondence and messengers that you use.


If you want to prevent this,
transfer the amount of $850 to my bitcoin address (if you do not know how to do this, write to Google: "Buy Bitcoin").

My bitcoin address (BTC Wallet) is: 3JPdsEkcxv715Th7hN7fgoUYds22xBaPno
(It is cAsE sensitive, so copy and paste it).

After receiving the payment, I will delete the video and you will never hear me again.
I give you 50 hours (more than 2 days) to pay. I have a notice reading this letter, and the timer will work when you see this letter.

Filing a complaint somewhere does not make sense because this email cannot be tracked like my bitcoin address.
I do not make any mistakes.

If I find that you have shared this message with someone else, the video will be immediately distributed.

Best regards

jueves, 31 de octubre de 2019

Ruiditos

¿Cómo le digo a mi compañera de trabajo, la que se sienta justo detrás de mí, que cada vez que se levanta, se mueve, abre el cajón, cierra el cajón, mueve la silla, abre su mochila, cierra su mochila, saca ese yunque que transporta de un sitio a otro… HACE UN RUIDO QUE ME QUIERO ARRANCAR LAS OREJAS? Soy viejo, soy maniático, tengo una capacidad infinita para el odio de las pequeñas cosas. A mí, esta chica, que se llama como la hermana de Scully y esto ya sería un punto a favor, me tiene frito. Siempre he sido extremadamente sensible a los ruiditos, no los soporto. También soy sensible a los RUIDAZOS, que son los que practica mi buena amiga de detrás. No los soporto más y, por extensión, no la soporto más. No en este plan. Pero, ¿cómo decirle educadamente a una compañera de trabajo que hace un ruido insoportable cada vez que mueve una articulación?

No hay forma humana en la que yo (la víctima, sin ninguna duda) quede como una persona razonable. Quejarse de que alguien, en una oficina, “hace mucho ruido cuando se mueve”… es como de loco, como de pirado. “Estoooo, perdona, ¿me estás diciendo que hago ruido cuando hago cosas que… generan ruido?”. ¡¡¡Sí!!! ¡¡Eso exactamente!! ¡Palabra por palabra! No, en serio, hace mucho ruido. Como dijo Coto Matamoros del tono de voz de Karmele Marchante, es un sonido que te perfora la cabeza. Por favor, querida amiga, DETENTE. Pon fin a este abuso sonoro, muévete como una ninja o, mejor aún, como una persona normal. ¿Es necesario estampar el cajón como si estuvieras dando un portazo? ¿Qué te ha hecho nuestro suelo enmoquetado para lanzarle tu mochila de trekking cada tarde, y varias veces, además? ¿Por qué cuando te pones el abrigo acontece un estruendo, eres acaso la Diosa del trueno? La Diosa del trueno que toca los timbales con el material de la oficina. Stop right now thank you very much I need somebody with a human touch.
  • Esta semana me he preguntado dos cosas en Brenda Forever: si una nueva Scream resultaría mejor con o sin Sidney Prescott (entre otras muchas dudas) y si las series adolescentes actuales serían más disfrutables sin misterios, crímenes y/o cosas paranormales; además, he hablado de un par de pelis “oscuras” de Netflix (o sea, de las que no te saltan de primeras sino que tienes que arremangarte para encontrarlas): The Heavenly Kid y Office Uprising.
  • En la notita en clase de hace unas semanas me planteaba si la crítica cinematográfica es un arte; si podía considerarse una “creación” a lo que es, básicamente, hablar de la creación de otro señor o señora. Yo creo que sí, pero esta debe venir firmada por alguien con conocimientos, sensibilidad y capacidad para iluminar la obra en cuestión. Los críticos de cine que más me gustan son aquellos que exponen las cosas muy claras, que lo cuentan muy sencillo. La sencillez, creo, es dificilísima. Hace poco inicié una serie de críticas semanales de películas oscuras de Netflix y me cuesta mucho resumir de manera clara, concisa y, a ser posible, con algo de chispa, de qué va la película y por qué considero que es buena, mala o regular (uno de los “retos” añadidos de esta columna semanal autoimpuesta es el de destacar siempre algo positivo de la película, intentar evitar el sarcasmo o hacer leña del árbol caído, que es una manera muy fácil de resolver cualquier crítica… y es algo en lo que he caído no pocas veces en el pasado). Os dejo tres ejemplos de críticas de estrenos recientes que me han encantado: Glenn Kenny de Joker en Rober Ebert.com, Chris Evangelista de Doctor Sleep en Slashfilm y Giovanni Casella de Louis Riel, un cómic biográfico en Zona Negativa

martes, 29 de octubre de 2019

Marty

Esta semana no tengo mucho más que deciros que leáis la carta de Martin Scorsese al New York Times y os deleitéis tanto como lo he hecho yo. Entiendo que un texto tan bien escrito, tan apasionado y tan conocedor de lo que dice será gozado no solo por los más acérrimos seguidores del director, sino también por todos los que parece que se sintieron ofendidos por sus críticas a las películas de Marvel (no son cine sino parques de atracciones). Si os digo la verdad, no soy el mayor fanático de Scorsese (me gustan la mayoría de sus clásicos, of course, pero no me inquieta en absoluto no haber visto Silencio, por ejemplo) ni tampoco lo soy de las películas del Capitán América y compañía (me gustan las de DC porque soy de Superman y siempre he ido un poco contracorriente en algunas cosas muy particulares). Entiendo que las películas de DC son algo más arriesgadas que las de Marvel (la reciente Joker o el Superman de Zack Snyder pueden ser dos ejemplos), pero también entiendo que las diferencias son mínimas y vendrían a ser “la misma mierda” para un tipo con el bagaje de Scorsese.

A ver, no puedo negar que disfruto con buena parte de la basura producida Hollywood (me ha divertido ¡la sexta parte! de Terminator y tengo muchas ganas de ver Doctor Sueño), he sido educado en ella; pero que me caiga un rayo en la cabeza si no es verdad que hay fines de semana en los que Loida y un servidor echamos un vistazo a la cartelera y sentimos repelús de tanto (de solo) efectos especiales, explosiones y enésimas entregas de franquicias viejas como bosques. Lo que dice Scorsese de que ahora en las multisalas solo se ofrece un tipo de comida lo vivimos cada semana aquí en Dublín; películas tan interesantes y reivindicables como The Last Tree, Our brand is crisis o Gringo, que no son arties sino productos comerciales donde hay un mínimo de visión artística apenas aguantan cuatro o cinco días en la cartelera, son apartadas a codazos por la última “reimaginación” de Los Pitufos o el tercer spin-off de Fast & Furious. Son días tristes y duros para el cine comercial americano, asumo mi parte de culpa en el asunto y os invito a buscar buenas películas, mejores que las que yo veo.

lunes, 28 de octubre de 2019

El autobusero justiciero

Loida y yo mantenemos una batalla con los conductores de autobuses de Dublín. Es una batalla que estamos perdiendo. Siguen llegando tarde y conduciendo con el culo. No quiero meter a todos en el mismo saco, sino en el mismo AGUJERO NEGRO. Todos y cada uno de los conductores de Dub--- bueno, vale, hay uno que nos cae muy bien porque tiene una carilla muy graciosa y porque siempre se para a hablar con los viejecillos (Dublín es un barrio grande y se conocen todos). Pero bueno, a lo que íbamos, que los autobuses de Dublín son una de las peores cosas de la ciudad y sus afrentas a los pasajeros son diarias. Son como Terminators, nunca se detendrán. Es por esto que me sorprendió enormemente, fue casi refrescante, cuando el otro día un autobusero me puso en mi sitio. Kinda.

Veréis, hace poco salimos a disfrutar de un inesperado día de sol en esta ciudad rica en cielos grises, nos marchamos a hacer una buena excursión fuera de Dublín, a que nos dieran los rayos bien en los caretos. Para ello, puesto que vivimos en una zona que podría llamarse Non-Plus Ultra, es necesario pillar un tranvía, luego un bus, quizá un tren... en fin, hay que hacer el encaje de bolillos para atravesar la ciudad y poder salir de ella. Y como el transporte público cuesta un ojo de la cara y un cachito de bazo, lo mejor es salir siempre de casa con tu Leap Card (la tarjeta de transportes para ahorrar unas perrillas). Como soy un pardo bazán, salí de casa sin ella (¡justamente ese día!) y tuve que hacer todos los trayectos (y fueron unos cuantos) pagando de mi bolsillo, en efectivo, en cada tranvía, autobús y... no, el tren finalmente no lo necesitamos. Me dejé creo que alrededor de 10 euros en transporte, puede que más. ¡Nunca salgas de casa sin ella, Juan, es como la tarjeta de crédito de Batman en Batman & Robin! ¡Expiry Date Forever!

El tema viene ahora, en mi ultimísimo viaje del día: no tenía la cantidad justa para mi viaje de Blackrock al centro de Dublín (3,30 euros), solo tenía 3,10 o, rebuscando mucho entre mis monedillas ridículas, de esas que no valen para nada, 3,12, quizá 3,14... esto le intenta explicar al autobusero, ante los resoplidos de la gente que estaba detrás de mí esperando que pasara ya para pasar ellos. Le dije al autobusero que allí no había más cera que la que ardía, que solo tenía 3.12 o 3,14 como mucho... El autubusero me dijo que el importe era 3,30 euros. Le rogué (rogue one) con la mirada poder entrar y el tipo me replicó o siguiente: "Bueno, sube, tú verás, el importe es 3,30. Seguro que no te pones a negociar el precio de las cosas en las tiendas a las que vas, ¿a qué no? Anda, sube". Puesto en mi sitio, le dije que no, que no negociaba precios en las tiendas, le dije que gracias. Y subí. Venía cargado con bolsas llenas de libros y cómics (de qué si no), y el autobusero seguramente estaría ya hasta los webs de gente que le regatea el importe cuando es evidente que se han dejado la pasta gansa anteriormente en cualquier otra cosa.

En mi descargo, en mi download, diré que 1) En las tiendas puedo pagar con tarjeta de crédito, con tarjeta de débito y hasta con billetes de 10, 20 o 50 euros (en los autobuses de Dublín solo puedes pagar en monedas y en el IMPORTE EXACTO -suerte si eres un turista y desconoces las zonas y los precios-); y 2) ¡Solo eran 16 centimillos, compadre! Pero no, lo cierto es que el tipo demostró una dignidad, una solemnidad, que me dejó sin palabras. Es cierto que no estamos aquí para regatear precios con el tipo que te llevará a casa. Perdona, autobusero.

 

domingo, 27 de octubre de 2019

La conclusión

A la hora de replantear mi futuro (algo que hago cada mes, sin resultados aparentes) suelo llegar a una conclusión: dejar de escribir. Lo que escribo no me da dinero y me quita tiempo, y si juntamos estos dos factores a un tercero (voy teniendo ya una edad), la conclusión va ganando peso cada mes, se ha puesto bien hermosa, está ya para participar en un combate de sumo. Es una CONCLUSIÓN que parece imponerse como la única posible para darle un pequeño giro a mi vida (además va en negrita, o sea que…). Todo esto de los blogs, los podcasts, los proyectos de libros, las entrevistas… todo esto es muy teenager, ya está bien, ya pasó. Let it go, que dirían en Frozen.

Pero la frase promocional de Gravity es “Don’t let go”; y antes de que te preguntes “¿pero este tipo basa sus decisiones vitales en las frases promocionales de las películas?” (OF FUCKING COURSE, ¿TÚ NO?), te pregunto yo lo siguiente: ¿Merece la pena acabar con algo que te gusta mucho tan solo por probar? Porque si bien todo lo planteado anteriormente es cierto (si dejara de escribir no perdería dinero y ganaría tiempo… que debería emplear de mejor forma dada la edad que tengo), también lo es que escribir me da un gustirrinín inmenso. No puedo decir que comerme unos donettes me proporcione más placer que escribir un texto sobre la última película que he visto. Escribir me hace feliz. Dejar de escribir en busca de nosequé cambio vital no sé si me hará feliz. Y la verdad es que no puedo, a estas alturas de la película, plantearme un camino intermedio como podría ser rebajar la cantidad de textos que escribo a la semana o escribir un mes sí y uno no… si voy a “cambiar”, lo mejor sería tirarme un año entero sin escribir una sola coma, algo que no hago desde… no sé, ¿desde el colegio? No recuerdo un tiempo en mi vida en el que no escribiera. Ya en el colegio escribía unas historias muy tontas a lo que llamaba libro (TumultoCual Ave Fénix y alguna otra tontería imprimí y distribuí por ahí). Siempre he escrito. Tengo textos banales dentro de mí y debo sacarlos fuera. A ver cuando fundan el diario La Banalidad y puedo, además de escribir, ganarme la vida con ella. Algo que, para seros sinceros, casi he descartado de mi vida, trabajar haciendo lo que más me gusta.

Es verdad que uso el escribir como ese colchoncito donde caer cuando no sé muy bien qué hacer. Hala, pues me pongo a escribir un texto chorra (que, objetivamente, no tiene gran valor) y ya está, evitando digievolucionar en mi vida. Ojalá pudiera encontrar un término medio, evolucionar sin extinguir mi hobby favorito. A lo mejor tengo que hacer la prueba radical de un año sin tocar un teclado para ver qué tal. Si eso ocurre, ya os contaré. Bueno, no.
  • Esta semana he escrito una nueva entrega de las películas más secretas y oscuras que se pueden encontrar rebuscando mucho en Netflix, he contado cuál es mi relación personal con las series de Superman que se han hecho a lo largo de los años y he recomendado la película Eli, que es de terror aguantable (da miedo pero te puedes acostar sin ir encendiendo todas las luces hasta que llegas a la cama... aunque Loida me pidió que encendiera la del dormitorio y entrara yo primero, jajajaja).
  • Ser gay en el mundo del fútbol es imposible. A ver, no digo que no haya gays, que los hay, lo que digo es que jugadores que sean públicamente gays como que no hay. Recuerdo que hace muchos años ya, prácticamente eones, el Real Madrid no se decidió a fichar al alemán Jurgen Klinsmann (un pedazo de delantero centro) porque se decía, se rumoreaba, que podía ser gay. El fútbol ha sido siempre “cosa de hombres” y que la afición acepte a un jugador homosexual es algo que no creo posible hasta el 2097 o algo así. Solo hay que leer algunas de las cosas que dice Bellerín en esta entrevista. No se ha declarado homosexual pero sí seguidor del mundo de la moda… le han crujido en varios campos de la Premier League por esto. Así está el patio. (Otro tema sería el de periodistas deportivos gays, puesto que este es otro coto cerrado donde las tertulias de muchos programas acaban derivando en estas “cosas de hombres”, quizá a modo de chascarrillo, sí, pero ahí siguen… tiene pues, muchísimo mérito, que el reportero de la Cope Juan Antonio Alcalá se declarara públicamente gay hace algunos años).

sábado, 26 de octubre de 2019

La segunda venida

Hablemos de la fe. En un estupendo cómic de la editorial Ahoy (lo iba a publicar DC pero se rajó ante las quejas de esa gente loca que se pone siempre muy nerviosa) estoy encontrando algunas de las mejores reflexiones sobre la sociedad de nuestros días; no solo sobre la fe o falta de ella, sino sobre nuestra responsabilidad para con la sociedad volcánica que estamos creando (la situación en Cataluña, ante la que ojalá imperen las voces más calmadas, es un ejemplo), nuestro comportamiento con los demás o nuestro comportamiento con nosotros mismos (¿cuántas mentiras nos contamos para seguir tirando?). Todo esto, que parece muy denso y muy aburrido y qué me está contando este señor en este boletín al que me apunté nosemuybienporqué, es en realidad una lectura disfrutabilísima. El invento se llama Second Coming (La Segunda Venida) y es, básicamente, una buddy movie en la que los polis son Jesucristo y Superman. A ver, por temas de derechos no pueden usar a Superman, por lo que aquí le cambian un poco el traje y lo llaman Sunstar… que es lo suficientemente parecido y lo suficientemente diferente como para evitar demandas (y en lugar de la “S” le ponen una estrella y a correr).

Resulta que Jesús regresa a la Tierra y se encuentra con que ahora la gente únicamente cree en los superhéroes, concretamente en Superman Sunstar… que resuelve la mayoría de los problemas a puñetazos (o, como dicen los yanquis, “punches his way out of things”). Esto, a Jesús, le deja tó loco, ¿¿es esta la mejor alternativa a mí, un señor que únicamente sabe emplear la fuerza como respuesta ante cualquier problema?? El tebeo enfrenta las posturas de ambos ante varios problemas con efectos desternillantes. En Second Coming, que lleva ya tres números y ojalá dure mucho y se publique algún día en España, han aparecido ya Dios (al que retratan como un viejo inflexible que se pilla unos cabreos morrocotudos), el Diablo (que intenta volver a tentar a Jesús) y creo que varios ángeles, no sé, tendré que repasarlo. Tiene momentos absolutamente brillantes, que casi siempre conjugan una reflexión brutal con un chiste, al igual que otros tebeos de Mark Russell como Los Picapiedra o Exit Stage Left: The Snagglepuss Chronicle (las dos colecciones están editadas en tomo en España por ECC). Este señor es uno de mis guionistas favoritos, y no solo de tebeos. Dadle una oportunidad, no hace falta que os gusten los tebeos. ¿Os gusta el humor? ¿Os gusta la vida? Pues ya estáis listos para leerle.

Una de las mejores cosas de que el cómic se publique en una editorial pequeñita como Ahoy es que le dedican sus dos o tres páginas finales a las cartas de los lectores, donde se encuentran verdaderas joyas. Hay veces que no doy crédito ante los discursos de predicadores, reverendos y pastores de ciudades perdidas de Estados Unidos en los que, lejos de rechazar el cómic como un ataque al Cristianismo, valoran su existencia como una forma de dialogar, debatir… y echar unas risas, que esto dura muy poco y nos pillamos demasiados berrinches.
  • Esta semana he escrito en mi blog (al que resucito casi como cuando Jesús se libró de aquella molesta cruz) sobre mi intención de entrevistar a creadores y creadoras (y creadorxs) y recopilarlo todo de alguna manera, ya veremos qué hacemos (cuando hablo en plural me refiero a las múltiples voces de mi cabeza)
  • En Brenda Forever he empezado algo que quiero mantener en el tiempo y es hablar de las cosas más chungas que se pueden ver en Netflix, he escrito sobre Hustlers… para en realidad hablar de The Boy Next Door, he bancado la nueva Robin Hood; y he contado la vida y milagros del personaje de Nancy Drew aprovechando que se acaba de estrenar su serie en la CW.
  • Sirviéndome de unas mañanas libres gracias a mi tortuosa semana de noche en el trabajo, he visto por fin Vicky Cristina Barcelona (me ha parecido genial, con una Rebecca Hall deliciosa y con una pareja Bardem-Penélope absolutamente tronchante cuando se ponen a discutir entre ellos), Mr. Right (una tontería con Anna Kendrick y Sam Rockwell que solo se salva por el carisma de los actores) y la Halloween original (que ya he visto unas cuantas veces y cada vez me gusta más). En series hemos recuperado Ugly Delicious (que va de un chef coreano contando sus movidas, se puede ver –la factura visual de estas docuseries de comida cada vez está más cuidada-) y queremos ponernos al día con los nuevos episodios de Pesadilla en la cocina y los de Masterchef Celebrity. ¿He dicho ya que Loida y yo ADORAMOS LA COMIDA Y COMER Y HABLAR DE COMIDA Y COMER?
  • También hemos visto Joker (de la que me reservo mi opinión porque no le interesa a nadie, literalmente: no es de interés para ninguna persona), pero sabed que me quedé torcuato total (este es un buen nombre para un libro: Torcuato Total) con este artículo de Carlos Megía para S Moda acerca del actor de (s) moda, Joaquin Phoenix. Resulta que nuestro último y más rabioso Joker se crió en una secta sexual, arruinó la promoción de una peli con Gwyneth Paltrow para beneficiar un falso documental que estaba rodando al mismo tiempo y… mirad, muchas cosas chungas. Leedlo si queréis entender un poquito más (o no entender nada en absoluto) de dónde viene este pedazo de actor. Y si queréis ver su inspiración para los bailecitos del Joker, pinchad aquí.
  • En este interesante artículo que recoge las voces de varios cocineros españoles (los cocineros, ya sabéis, los nuevos artistas de nuestra sociedad) nos vienen a contar que el menú desgustación de 20 platos es un MUST para cualquier restaurante con solera. No os puedo decir, no he comido en ningún restaurante con caché. Una vez estuve dándole vueltas a lo de comer en DiverXO, tiene buena pinta y es “una vez en la vida”… pero el precio siempre me acaba tirando para atrás. ¿Y vosotros cómo lleváis lo de los restaurantes caros y los chefs como estrellas de la tele?
  • Aquí cuentan que el SAT, un mítico examen escolar americano (que se ha usado tanto en la realidad como en Dawson Crece como en Sensación de Vivir, que están muy por encima de cualquier “realidad”), está cayendo en desuso porque, bueno, parece que han dejado de creer en él. Es un poco como la esclavitud, que en su momento decían “sí, esto es guay, es el mejor sistema, nos beneficia a todos” pero que lo miras hoy en día y dices “mmmm, no”.

Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...