martes, 13 de diciembre de 2022

¿Valen de algo las Google Reviews?

Llevo un tiempo bastante dedicado al tema de las Google Reviews, esto es, cada vez que voy a comer/cenar/hacer el pino puente a cualquier sitio, le hago unas fotos y más tarde cuelgo mi "crítica" (de puro aficionado) en Google (aquí tenéis mis reseñas). Sobre todo a la hora de comer, y más exactamente a la hora de comer barato (no suelo gastar más de 12-15 euros cuando como fuera, si gasto más ya me parece caro, así de ratatouille soy), me gusta apostar sobre seguro; y para ello no encuentro mejor referencia que las reviews de la gente en Google. Para mí, las Google Reviews son como el Almanaque Deportivo para Marty McFly, me dice de antemano lo que va a pasar.

Mi ansia de fotografiar y comentar todo lo que encuentro no se debe solo a mi deseo de ayudar al prójimo ofreciendo mi opinión más honesta, que también; sino igualmente a mi afición a escribir, escribir y escribir y seguir escribiendo non-stop (de esto ya he hablado largo y tendido aquí). Si no escribo sobre algo que haya visto, comido, vivido... es que como si no lo viviera del todo. Escribir es algo así como mi Instagram; si voy a un concierto no quiero hacerle un vídeo y compartirlo en redes, lo que quiero es ESCRIBIR SOBRE ELLO. Entiendo que vivimos en un mundo más visual, de impactos, que de largas prosas... pero a mí me encanta teclear y no puedo remediarlo. Así que vale, fundamentado mi ánimo reseñador en mi deseo de ayudar y mi amor por escribir, la pregunta que me hago es... ¿esto le vale a alguien de algo? Es decir, yo no entro a comer en ningún sitio si antes las Google Reviews no le dan su bendición (y en esto no vale solo mirar la puntuación media, hay otros muchos factores que contribuyen a este aprobado online), pero ¿y la gente? ¿Es obsesa de esto como yo o solo lo usan de pascuas a ramos? ¿Los que lo usan lo toman como palabra sagrada o miran las fotos y el menú del local y ya está sin pararse a leer las opiniones insignificantes de todos los reseñadores que en el mundo somos?

Antes de seguir, una aclaración, hablo mayormente de sitios de comer (bares, restaurantes y titiriteros que te cocinan mientras tocan la trompeta subidos a una tramoya) porque esos son los sitios que yo frecuento... y sobre los que he decidido escribir mis reseñas en Google. Y es que hay otra web cuyas reseñas trabajo bastante, que es Booking.com, donde suelo dejar mis opiniones tras alojarme en cualquier hotel al que he llegado reservando con ellos (en este blog indican que bares, restaurantes y hoteles son, con mucha diferencia, los negocios que más Google Reviews acumulan). Lo cierto es que en Booking he tenido alguna experiencia negativa, muy negativa, a la hora de dejar opiniones debido a la respuesta de ciertas personas; y es por eso que en Google he preferido alejarme de ese ruido. Otro día nos metemos en el tema hoteles (y en la adaptación española de Hotel Hell con Kike Sarasola haciendo las veces (¡já!) de Gordon Ramsay). Así que vayamos al negocio: ¿las reviews de Google aportan, influyen, AYUDAN realmente a alguien? La primera respuesta sería: SÍ, Y MUCHO. 

Los negocios están como locos por la música con las Google Reviews. Como bien dicen en este post, somos esclavitos de los likes y las estrellitas para medirlo casi todo en esta vida loca que llevamos, y para ello los negocios (algunos, no todos) se dedican a darse muchas estrellas a sí mismos y poner a parir a la competencia. Una forma rápida de distinguir reseñas fake y auténticas es ver el perfil del reseñador, si tiene menos de 5 reseñas y es una crítica extraordinariamente positiva del sitio y gustándose demasiado en detalles como el personal ("todas las personas que me atendieron fueron un encanto y puedo confirmar que mi madre es recibida siempre como si fuera un miembro de su familia") casi seguro que es falsa. Pero vamos, que sí, que a los negocios les interesan mucho las reviews que dejamos en Google (como Google lo sabe, les da unos consejos para que reciban buenas reseñas). En este otro post, aconsejan a los negocios contestar siempre a las reseñas, ya sean positivas o negativas, ya que esto demuestra preocupación por el cliente y expresa un deseo de mejora evidente. Eso sí, yo cada vez que veo una RESPUESTA ROBÓTICA a un comentario negativo ("nos tomamos muy en serio tu opinión para seguir mejorando"), sin contestar a nada específico de lo que se ha criticado, me dan ganas de ir al local Y QUEMARLO. ¡Con antorchas, theatrics a tope! En este post dan consejos a los negocios para responder a los clientes que han dejado una review (los consejos 4 y 5 me parecen ciertamente valiosos).

Pero lo cierto es que los "Local Guides" (ejem... así nos califica Google a los que dejamos reviews, soy un mero notario de la actualidad) son muy importantes... para los negocios, y parece que únicamente para ellos. Cuando busco la importancia o influencia de las Google Reviews en los clientes, en Pepito antes de ir a cenar a Bar Paqui, no encuentro casi nada. ¿Acaso no son importantes para los clientes? Si tanto las buscan, las ansían, las persiguen los negocios, será porque si muchas reseñas dicen que Bar Paqui es una mierda pinchá en un palo, pues Pepito no irá a cenar allí, ¿no? Entiendo que perseguir un buen historial de reseñas en Google no es por una mera cuestión estética, sino también práctica. Rebuscando un poquito más, con más ahínco, vamos que tú puedes, he dado con algo que responde a mi duda. Como bien dicen aquí, sí, las críticas en Google son importantes para los usuarios... pero solo a nivel básico y primario. Es decir, Pepito irá a Bar Paqui si ve 50 críticas y una puntuación media de 4,5 sobre 5. Pero si Pepito ve solo 3 reseñas de Bar Paqui y una puntuación media de 5 entenderá que, a pesar de que la puntuación es mayor que antes, son muy poquitos testimonios como para darle credibilidad a esas cinco estrellas (a lo mejor fueron a comer a Bar Paqui tres señores de Murcia que carecen de papilas gustativas porque se dañaron la lengua un día tomando un gazpacho falso de esos que toman ellos, ¡no podemos descartarlo!). Los usuarios (y potenciales clientes) se fían de las Google Reviews echándole un vistazo rápido al número de reseñas y puntuación media, nada de leer las largas peroratas y revisar las 23 fotografías que ha dejado el loco de turno (hola, soy Juan, qué tal estás). Bueno, con esto me vale.

Personalmente, todavía estoy aprendiendo a cómo dejar reseñas malas intentando no molestar o no perjudicar demasiado al negocio en cuestión... y es un proceso que me va a llevar más tiempo del que creía. En breve me extenderé un poquito más en esto: qué decir, qué no decir, cómo no disparar las trigger alarms de los negocios para que no te salten a la yugular en sus respuestas, etc. De momento, yo creo que este tocho letal es más que suficiente para que me denuncies. Nos vemos en Plaza de Castilla.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Te reduzco el talento, Jimmy O Yang

¿No os pasa que, viendo la enésima comedia hollywoodiense, pensáis en lo gracioso que es ese actor o actriz... fuera de la película? Es como si un cómico o cómica brillante llegara al plató de la película a la que han conseguido llegar gracias a su talento y, de repente, les desapareciera todo aquello que les hizo llegar al plató. ¿Pero este/a no era un/a crack? Bueno, pues sí, justo antes de estrenar esa película era la caña, ¿qué ha pasado? Tomemos el caso de Jimmy O Yang. YouTube me sugirió ver el vídeo de debajo, lo vi, y me pareció un tipo con talento. Es un extracto de un monólogo, activad los subtítulos si queréis, a ver qué os parece:

Simpático, ¿no? A mí me parece un tío gracioso, jugando con los estereotipos asiáticos, las costumbres americanas... bien. Bueno, pues antes de ver esto yo ODIABA a Jimmy O Yang. ¡Hollywood me hizo odiarlo! Le había visto reducido al papel de "asiático gracioso" en dos lamentables películas como Fantasy Island y ¡Qué duro es el amor!. ¿Cómo es posible que el tipo del vídeo de ahí arriba, que tiene talento como para (por lo menos) sacarte una sonrisa, sea una presencia miserable en LAS PELÍCULAS? Resulta que Jimmy O Yang es monologuista, guionista... ¡y licenciado en económicas!


Bueno, pues es posible porque Hollywood tiene la molesta costumbre de reclutar a personas con talento para sus películas mainstream y, una vez allí, limarles cualquier arista graciosa o particular para servirlas al público como el enésimo producto blanco, neutro, igual que todos los demás. "Tú ponte aquí a recitar este guión aprobado por 20 ejecutivos y luego ya si eso vemos tus gracietas...". Esta sensación de neutralizar a gente con talento para ponerlos al servicio de una cosa sin mucha gracia, la llevo teniendo desde hace años, pero hace poco me ha hervidito la sangre con una película llamada The People We Hate at the Wedding.


En esta "comedia sobre una familia disfuncional" (ya...) sale gente que a mí me parece que, oye, vamos a ver lo que dicen: Kristen Bell, Ben Platt, Allison Janney, Jorma Taccone (¡The Lonely Island!), etc. En fin, que tenemos un reparto que ojito cómo me descuide que tenemos aquí una comedia de las de reír de verdad... Bueno, pues error. Error como las convocatorias de Luis Enrique. Aquí tenemos el vigesimoquinto guión estandarizado, robotizado, generado por una AI cuando se le han introducido los términos "comedia familiar segura, situaciones esperpénticas pero poco, incorrección política controlada", y la AI lo ha clavado, claro. Recemos para que todos esos actores y actrices que despuntan gracias a su talento, power y originalidad puedan poner a salvo todo su talento, power y originalidad cuando Hollywood llame a su puerta. Porque Hollywood es un liante: reconoce su talento, les quiere por su talento, pero luego les quita todo el talento cuando ya los tiene. ¡¡Hollywood, por qué!! Os dejo con uno de mis videoclips favoritos de The Lonely Island y al menos nos vamos con una sonrisa.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Madrid: pros y contras desde que volví de Dublín

Ayer puse en Twitter que una de las cosas que más rabia me daban desde que volvimos a vivir a Madrid era ese café con leche servido, casi irremediablemente, en vasito de caña. Ya, ya sé que si indicas "en taza, por favor" te lo ponen en taza... pero uno tenía por costumbre pedir un café con leche y ya, sin especificaciones técnicas, porque uno asumía que los cafés se toman en taza por, no sé, tradición; o para no quemarte las manos o por pura decencia humana, pero en Madrid, mesehabíaolvidado, existe la norma no escrita de que el café con leche, ese de buena mañana en el bar de toda la vida, se puede servir normalmente en un vasito ridículo. Debajo el tweet de marras:

Pozí, tendré que ponerme las pilas en este sentido (oh, Dios, ¿ha dejado de usarse ya la expresión "ponerse las pilas" desde que... bueno, ya no se usan pilas?) y mejorar mi dialéctica en los bares. Pero esto me dio que pensar: ¿qué otras cosas me han chocado de Madrid a mi vuelta a la ciudad que me vio nacer? (literalmente, la ciudad eligió a un grupo de notables para reunirse en torno a mi alumbramiento y ser testigos de aquel acontecimiento: "Sí, se confirma, HA VENIDO"). Bueno, pues he aquí, casi a modo de lista personal para aclararme yo pispo, lo que más y menos me ha gustado de Madrid City desde que regresamos a sus (no muy limpias) calles allá por mayo del presente:

Cosas que a tope con ellas
-Sol (no la estación de metro, el otro)
-La maravillosa estupidez de alegrarte un día subiendo la persiana, abriendo la ventana y asomándote a la luz (los cielos grises de Dublín, psicológicamente, llegaron a noquearme -noquear es una palabra fea, pero está en la RAE, soy un mero notario de la actualidad)
-Árboles en las aceras (sé que cada vez menos, pero haberlos háylos)
-Se puede salir a la calle a pasear (gracias a los ÁRBOLES, a la presencia del SOL, y a la ausencia del VIENTO HURACANADO que hacía siempre en Dublín -Sorry, Dublin, I miss you but these are the facts-)
-Cierta sensación de tranquilidad y dirección en las calles (esto es un feeling que a ver cómo te explico... digamos que en Dublín hay como, no sé, paquetes de carne picada sin abrir tirados por las aceras y señores escupiendo al tendido y muchos tranvías tocando sus campanitas porque vienen y todo esto me ponía la cabeza un poco loca -vivíamos en pleno centro de Dublín, mind you-)
-Puedes comer bien en casi cualquier sitio
-Cañas y tapas, esa culturita buena de buscar siempre un huecco (el cantante) para esto
-Las alioli (siempre la patata cocida, si pides alioli y te traen patata frita pues una respuesta adecuada sería incinerar el local)
-Una ciudad muy diversa, con ofertas y paisaje distinto, según cambias de barrio (en Dublín también cambiaban ciertas cosas al moverte geográficamente... pero digamos que había cierta aburrida uniformidad, Madrid es más loca y guarda más sorpresas)
-Oferta cultural muy potente (cada día se me pasan tres o cuatro cosas que descubro a posteriori lo mucho que me habría gustado verlo/oírlo... y eso que no trabajo porque estoy buscando de lo mío y en teoría tendría tiempo para enterarme de todo pero no es así, es una ciudad que bulle)
-Gente muy maja (en Dublín también, pero no está de más destacarlo)
-Gente muy maja que habla mi idioma (ahí te han pillao, Dublín)
-BARRIOS (salir de tu portal y recorrer varias calles con pequeños comercios, plazas y bancos es un ecosistema perfectamente asentado y conseguido en Madrid, en Dublín not so much, o digamos que los barrios son más... breves)
-Se come a las 2, se cena a las 9-10 y las tiendas están abiertas hasta las 8-9 (Dublín, aquí mejor vamos a taparnos, cuanto menos nos expongamos en este sentido mejor, hazme caso)
-Cine europeo y español (en los Cineworld de Dublín brillaba por su ausencia)
-Familia y amigos más cerca (esto es como decir "el cielo azul", pero bueno, su obviedad no le resta valor)
-Gente menos sospechosa por las calles (sí, hay auténticos personajes, pero no hay knackers)
-El metro para ir de una punta a otra de la ciudad (abarca mucho)
-La posibilidad de explorar, aunque sea por pura curiosidad, la vía laboral para la que creo que valgo (si bien the clock is ticking y aquí no llama ni el tato)
-Ausencia absoluta de gaviotas (mis enemigas públicas NUMBER 1)

Cosas que echo de menos de los dublines
-La bonhomía y sencillez de sus gentes (esto queda muy de literatura y pose barata, pero el irlandés -no ya solo el dublinés- es bueno por naturaleza, desarmantemente bueno)
-La cultura de la pinta, si bien inferior a la de la caña y la tapa, también tenía su (poderoso) aquel
-Las competitivas ofertas de sus supermercados y, en concreto, la posibilidad de comprar carnes, frutas o verduras por unidades y no por kilos
-La vida que teníamos hecha (rehacer tu vida a los cuarentaitantos es un rollo)
-Insistiendo en el punto anterior: la pura inercia de la vida que ya teníamos hecha nos invitaba, especialmente a mí, a tener un futuro económicamente boyantísimo (si bien a cambio de sacrificar mi alma)
-Tarifa plana de cine (mucho cine europeo y tal, pero a soltar pasta)
-Poder ir andando a casi cualquier parte y no estar a obligado a coger el metro para ir de una punta a otra de la ciudad (tarda mucho)
-Tener varios restaurantes japoneses de referencia (en Madrid no tenemos controlado ninguno)
-Hacer un podcast sobre nuestra vida en un país extranjero (nos lo pasábamos bastante bien... hacer uno de nuestra vida en Madrid como que no)

Podría seguir tres cuartos de hora anotando cosas en ambas columnas, pero tengo que ir a comer... mira, hoy un poquito antes de lo que suele ser la hora del almuerzo en Madrid. Volveré a esta lista en un futuro próximo para ver qué añadimos a una cesta y qué quitamos de la otra. O lo que sea.

viernes, 25 de noviembre de 2022

La Pinta Roja que me quiero tomar con Pierce Brosnan

Me ha parecido muy tierno, francamente emocionante, este vídeo en el que Pierce Brosnan se entera de que el entrevistador es de su misma ciudad, Navan. Parece ser que Pierce tuvo una infancia complicadilla allí, y a lo mejor le ha venido todo de golpe a la cabeza en este momento. Os lo dejo debajo y ahora comento un par de cosillas al respecto:

 

Lo primero es que el vídeo me ha gustado tanto (Pierce Brosnan muestra genuina emoción, se le escapa el corazón, al constatar que efectivamente, es el "primer superhéroe de Navan") que a puntito he estado de resucitar mi blog La Pinta Roja... porque la verdad es que echo de menos (un poco, bastante, más de lo que esperaba) Dublín e Irlanda. Esto da para un post más extenso (quizá para mi newsletter semanal), pero resumiendo podríamos decir que Dublín e Irlanda y los irlandeses han dejado una huella profunda en mí, y creo que también en Loida, y de vez en cuando me sorprendo a mí mismo añorándola. Dónde íbamos a cenar, por dónde solía correr escuchando mis podcasts, cuáles eran los planes que hacíamos los findes... sigo considerando a Dublín mi casa. Ya hablaré más a fondo de esto, pero no quiero cortar del todo mi lazo con esta gente. Y este sentimiento casi explota del todo a ver al Tito Pierce casi desmoronándose al recordar (brevemente) su infancia en Navan. Debo hablar de todo esto.

Lo segundo es decir que Navan es una ciudad de poco más de 30.000 habitantes que no tuve el gusto de visitar en mis ocho años de residencia en Irlanda, pero que tiempo tengo para hacerlo. Sé, sin ningún género de dudas, que volveré varias veces a Irlanda en un futuro próximo, así que por qué no conocer la ciudad donde nacieron el señor Brosnan y este periodista (la foto de arriba, por cierto, es una en Navan de Pierce y su mujer, publicada en el instagram del actor). El nombre Navan, por cierto, es un palíndromo, o sea, que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, cool, isn't it?

Y lo tercero y último es que qué maravilla que se produzcan momentos así en estas entrevistas que supongo serán interminables para los actores (tendrán que hacer 20-30 atendiendo a mil webs, podcasts, canales de YouTube, medios oficiales...), un chispazo de originalidad y franqueza, donde no hay un señor en piloto automático vendiendo una moto sino un señor hablando con honestidad con otro señor (o, en este caso, un muchacho). Pura vida, que diría Keylor Navas.

PD. Un genio o genia quien eligiera a Pierce Brosnan para dar vida al Doctor Fate en Black Adam. El porte que tiene Brosnan le van de lujo al personaje. Ojalá que veamos más de él.

domingo, 20 de noviembre de 2022

Watcher/The Watcher

Hay algo en la observación, la pura y simple observación, que siempre me ha fascinado. Mirar algo durante un largo periodo de tiempo para ver lo que hace o deja de hacer, o simplemente para apreciar su quietud, me ha resultado siempre algo de lo más interesante. Ver una brizna de hierba agitada por el viento, la terraza del vecino de enfrente (y al vecino cortándose las uñas de los pies), cómo se derrite un hielo en el vasito de cristal de AeroMexico que robé cuando volé con ellos, el desnudo parcial de Pamela Anderson a través de la pantalla del portátil, las líneas negras de roña que conforman la suciedad de mi escritorio, lo que acontece al otro lado de la ventana del autobús que me trae de vuelta a Madrid tras un viaje relámpago a Burgos... todo me deja algo, todo me enreda, a la nada le saco algo; y no es que quiera celebrar la inacción, la pasividad ante la propia vida, pero sí quiero reivindicar desde aquí el noble arte de la observación con el único propósito de ver lo que pasa (o no). 

Leo en internet que la observación, palabra que viene del latín (observare), es una habilidad que nos permite conocer la realidad al examinar detalladamente un objeto o suceso para registrar cómo es y cuantos cambios se produzcan en él. Bueno, yo no sé si observo cosas para registrar nada (más allá de la propia realidad que registran mis ojos por el mero hecho de permanecer abiertos), pero sí que confirmo que al mirar algo durante un buen rato se acaba aprendiendo sobre ese algo. Y aprender algo sobre ese algo, irremediablemente, lo cambia. Ya no es el algo inicial (UNA ALGA), sino un algo distinto; observado, conocido, asumido. Viene todo este rollo a cuento de dos producciones que he visto/estoy viendo recientemente, que prácticamente comparten título, una es la serie de Netflix The Watcher; y la otra es una película de suspense (que no de terror) llama Watcher a secas, sin el The. Las dos tratan precisamente de esto, de observar, de mirar, de centrar los ojos obsesivamente en algo o en alguien; y de cómo estos ojos clavados pueden alterar el ecosistema de lo observado. ¡Tanto rollo para decir que te gustan las pelis de psicópatas y de mirones! Sí, bueno, vale... pero lo cierto es que estas dos producciones han llegado a mi vida así, de repente, sin yo proponerme juntarlas por su temática y título casi replicantes entre sí, y que ambas confirman lo que ya sabía sobre mí mismo desde hace mucho tiempo, que observar obsesivamente algo es algo, valga la redundancia, que me inquieta y atrae a partes iguales.

¿Por qué esa recreación en el simple acto de mirar? Será porque siempre he sido más de interiorizar pensamientos que de expresarlos y a fuerza ahorcan; o será porque siento una curiosidad innata (y posterior desprecio al conocer su realidad) ante lo que me rodea... Lo que sí puedo asegurar es que esta afición por mirar hardcore (la única forma de mirar de Elon Musk) no me ha permitido (¿todavía?) desarrollar la habilidad de la escopaestesia. Esto es  el "efecto mirada en la nuca", cuando percibes que alguien te está mirando fijamente. Resulta que el fenómeno (que en algún momento habrás experimentado o, al menos, CREERÁS haber experimentado) es algo bastante extendido y, en caso de ser este cierto, permitiría a ciertas personas detectar "de forma extransensorial" (¡ojo!) cuando están siendo mirados fijamente. Algo de esto hay (llámalo escopaestesia, llámalo paranoia) tanto en Watcher, como en The Watcher. Las vidas de Maika Monroe, Naomi Watts y Bobby Cannavale se alteran, se perturban, se desnudan, se inquietan ante esas miradas que se te clavan como espadas. ¡¡Ay, esas miraditas!!

sábado, 12 de noviembre de 2022

En la tienda te quedaba guay

¿No es frustrante cuando en la tienda te compras dos o tres cosas porque te quedan guay... pero luego al llegar a casa te quedan como el culo? Como el mismísimo culito que no te entra ya en los pantalones. O a duras penas entra. ¿Acaso uno mengua, engorda o muta en las 2-3 horas que tarda en llegar a casa? Este es uno de los motivos por los que no compro nunca ropa por internet (el otro es que soy rematadamente viejo, "me entró el viejazo", que diría el Loco Gatti). Y es que, si ya me ofrece dudas mi propia medición real de prendas IN SITU, en la PROPIA TIENDA, con mis MANOS METIENDO PANTALÓN EN CULO, qué esperanza puedo tener en que una estimación aproximada de medidas en el ciberespacio satisfaga las medidas de mi culo... Sé qué existe la devolución de prendas y que incluso las propias tiendas corren con el gasto del retorno, pero bastante frustrante es ya que no te quede bien algo como para luego tener que meterse encima en el fregado ese de devolverlo...

-Pero señor, que no es ningún fregado, que van incluso a su casa a recogerlo
-Te ahogaré. Te ahogaré con un jersey del C&A. Enrollaré su manga alrededor de tu cuello y apretaré hasta que ceda.
-... ¿La manga?
-TU PESCUEZO.

Para mí, señor de medidas amorfas, de cuerpo Daliniano (en el sentido de que las carnes se me desparraman por sitios insospechados, como derritiéndose... no, en serio, ¡¿qué se supone que estáis haciendo?!), señor al que le quedan bien muy poquitas cosas y que luego en casa resulta que no me quedaban tan bien, hay pocas experiencias que me den tanta pereza como salir de compras. Porque salir de compras es salir de compras de ropa. Si vas a comprarte un libro, una bolsa de canónigos ya lavados y un cuadernito que no necesitas del Tiger, eso no es salir de compras; eso es salir A COMPRAR ALGO. O salir y hacer compras. Vas paseando y, de repente, decides comprar algo. Si sales de compras no sales a ver las hojas del otoño y la fuente de la plaza y luego a comprar, no, no, vas derechito al ABC Serrano o donde compréis vosotros esa ropa que os queda tan bien a todos. Ojo a esta distinción lingüística entre salir de compras o salir y luego ya si eso se hace alguna compra. Si algún día pongo en marcha otro de mis podcasts de éxito (risas), este es un tema que trataré con urgencia (el podcast que tengo en mente desde hace años y que nunca haré es uno sobre el uso de la lengua, me debato entre dos títulos: "Niño, esa lengua" y "Ahí hay un niño que dice hay" -la frase que nunca dijo ningún niño en España o Latinoamérica-).

En fin, que vais todos muy guapos por la calle, que todo os queda guay, y que yo seguiré tragando con lo de probarme cosas, comprar solo dos de las trece que me he probado, volver a casa, reprobarme las cosas y bueno, vale, tendremos que tirar con esto. Todo con tal de llevar ropa encima de mi cuerpo, algo que no debe BAJO NINGÚN CONCEPTO mostrarse en su público. No solo por la fealdad del mismo, única en su especia; sino porque como decía Seinfeld, la "caída" del cuerpo, así sin ropa, es raro.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Mi relación con la comida

Cuando he tenido un día malo, como mucho para alegrarme. Cuando he tenido un día bueno, como mucho para que siga la fiesta. Cuando he tenido un día en el que me lamento por haber comido mucho ayer, como mucho porque, total, como ya comí mucho ayer, what difference does it make. Me gusta comer mucho y me gusta comer, mucho. Me gusta de manera desaforada (esto es, desmedida, fuera de lo común, grande por exceso). No entiendo comer poco si me gusta algo, no entiendo dejar comida en el plato, no entiendo no comer hasta la depravación. Esto, por supuesto, me lleva a situaciones nefastas (terminar almuerzos de maneras absolutamente panzudas, intentos de reseteos prácticamente cada semana, dietas detox-criminales cada cierto tiempo); pero ni siquiera estas se imponen sobre el demonio del hambre que llevo dentro. Y es que la posesión demoníaca que a mí me aflige no me exige recolectar almas, corromper voluntades o batirme en duelo con esos bien entrenados exorcistas de las películas... lo que mi demonio persigue, lo que ansía y no descansa hasta conseguirlo, es comida, más y más y más comida hasta reventar. ¿Qué pretendes, pazuzu de la ingesta? ¿Por qué camino de glotonería me llevas y cuando te desharás de este cuerpo que tomaste allá por su estado zigotil? No me queda otra que plegarme a sus deseos, desabrocharme un botón y aceptar que aquella canción de me lo como tó me lo como tó los garbanzos con chorizo... no era sino el título de mi futura biografía. Buscando fotos para este post di con este libro que debo leer (su portada me vale para el post).

miércoles, 26 de octubre de 2022

La forma más baja de vida: el cliente con ínfulas

Ayer vi esto en Twitter (la foto de esos "clientes que son modelos y no clientes" de arriba no, sino los vídeos que os pongo debajo) y me hervía la sangre. Ya me podía haber hervido unos huevitos para añadirlos luego a una ensalada, pero no, era la sangre la que se me puso más caliente que el café de un diner de Oregón. Lo vi en el Twitter de Ichigo Niggasake y me hizo recordar esos trabajos a los que no quiero volver nunca en mi vida. Yo no he tenido exactamente este trabajo (de haber tratado CARA A CARA con un cliente seguramente hoy estaría muerto), pero sí varios similares y puedo confirmar tres cosas:

1/ Los clientes, así, en general, son personas asquerosas sin ningún tipo de empatía (yo también soy cliente y no me considero esto a mí mismo, por eso he dicho "en general")

2/ Los clientes con "entitlement", o sea, los que se creen con derecho a todo, los que tienen aires de grandeza por el solo hecho de haber comprado o pagado algo, son aún peores que los clientes a secas. Ejemplo perfecto es el señor del vídeo que había reservado una habitación de hotel y cree que automáticamente es el rey del Mambo. Estos clientes con ínfulas son lo más parecido al diablo en la Tierra. Son una manifestación de Belcebú. Son gente que asesinaría a su propia madre con tal de sentirse validados (ver vídeos de debajo, son dos partes de una interacción entre una santa trabajadora y un enviado de Satán)

3/ No digo que un cliente que ha comprado algo y no se ve satisfecho no tenga derecho a reclamar, lo que digo es que el mero hecho de reclamar algo que "te pertenece" no reduce a la persona que te está atendiendo a un nivel inferior de vida... Es, más bien, todo lo contrario. TÚ ERES EL INFRASER. Y debes ser erradicado. 

lunes, 10 de octubre de 2022

Tú no eres especial, además de verdad

Salva Valero, conductor de Noches de Miedo y amigo de quien esto escribe, me dijo que si me apetecía grabar otra reseñita para su podcast y, a ver, esto es como si me preguntan si quiero un trocito más de tiramisú o si quiero una foto firmada del ya fallecido (pero eterno) Quique Camoiras... ¡oiga, pues claro! Así que me vi lo que me pidió que me viera, que eran los primeros episodios del serial teenager Tú no eres especial (Netflix); y luego le di al REC y se lo envié, y lo editó, y lo publicó y... bueno, el resto ya te lo sabes. Dale aquí debajo para escucharlo (spoiler de mi opinión en el título de este post... ooops...). Me dirás que no soy un "crítico" de la máxima confianza...

martes, 27 de septiembre de 2022

Oferta contra oferta

La búsqueda de empleo, que en sí misma es un empleo (sin jefes flipaos, eso sí), le permite a uno ver todo tipo de ofertas de trabajo. Las hay formales, aburridas, llamativas y hasta apetecibles (estas, quizás, las menos). Hoy quería enfrentar a dos ofertas muy distintas entre sí, no solo porque no esté encontrando trabajo "de lo mío" y tenga el suficiente tiempo libre como para hacerlo, sino porque me ha resultado muy curioso cómo ambas pretenden seducir a sus futuros empleados, pero usando métodos muy distintos. 

La primera emplea un lenguaje que a mí me suena a "somos los mismos bandidos de siempre, pero ahora usamos este lenguaje un poco más guay para motivar a la peña" (en descargo de esta hay que decir que es una oferta de prácticas, no de trabajo-trabajo); mientras que la segunda me suena mucho más creíble y ha conseguido eso tan difícil que es, no solo intrigarme, sino arrancarme una sonrisa (sí, vale, puede que sea a bit too friendly, pero es super-refrescante para el que lleva mirando ofertas media hora). No me han llamado de ninguna, de momento.

vs.


Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...