lunes, 18 de noviembre de 2019

Spaceman from Pluto

En una de las anécdotas más famosas de Regreso al Futuro (al menos, una de las más famosas para los frikazos del film como yo), se dice que la película estuvo a punto de llamarse Spaceman from Pluto. Esta fue una sugerencia de uno de los jefes del estudio como posible título para esa película de un adolescente que viaja al pasado que tenían entre manos. La respuesta de Spielberg, productor del film, fue mandarle una nota de respuesta al jefe tipo "Jajajaja, muy graciosa la broma, apreciamos tu sentido del humor", como dando por hecho que era una sugerencia de coña, incapaz de ser tomada en serio por nadie con dos dedos de frente; tenía que ser una broma sí o sí. El jefe, después de esto, se tapó. Y la película se llamó como se tenía que llamar. Viene esto a cuento de una entrevista a Tom Hanks que acabo de leer en The Guardian: usa el sentido del humor para atizarle a sus jefes y me pregunto si esta no es la mejor y más efectiva técnica para repartir palos sin dar la posibilidad de réplica. La ironía y la clase como arma definitiva ante la mierda.

Veréis, en la entrevista se tratan varios temas interesantes (como el de cómo atravesó el coronavirus el actor) pero a mí me ha llamado la atención esos dardos que les lanza a sus jefes de AppleTV+ (¿queréis ponerle otra coletilla más a vuestra plataforma de streaming, Apple?). Dice que "se arrodilla ante sus dueños" cuando explica por qué tiene un fondo totalmente blanco en su tele-entrevista (exigencia de AppleTV+), explica que no quiere "molestar a mis superiores" cuando se muestra decepcionado con que su película 'Greyhound' se vaya a estrenar en AppleTV+ y no en cine... y alguna otra puyita que suelta. Todas sus críticas a AppleTV+ (que le habrá pagado un pastizal al tiempo que le ha robado la posibilidad de estrenar la película en cines) son en plan "mis queridos jefes que me tienen atado con un collar y me han puesto un bozal pero a los que adoro y respeto" y me ha parecido maravilloso. No creo que en Apple hayan disfrutado de la entrevista pero ¿cómo decirle algo cuando continuamente se muestra respetuoso con sus geniales amigos de Apple? En fin, que me encanta Tom Hanks y os recomiendo que leáis la entrevista.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Mientras trabajo

El tele-trabajo (o, para ser más correcto, el tele-trabajo de oficina) permite ciertas libertades (o, para ser más correcto, libertinaje) que hace la cosa un poquito más llevadera. En mi caso, durante las ocho largas horas que tengo que sentar mi culito blanco delante de la pantalla del ordenador, acuden en mi ayuda unas cuantas actividades de recreo con las que intento aguantar el tirón lo mejor posible. A saber: escucho muchos podcasts y programas de radio (Carne Cruda, El partidazo de COPE, Campamento Krypton), leo muchos periódicos online (El País, El Diario, As) y consulto febrilmente páginas webs sobre cine y televisión (Slashfilm, Imágenes online y... bueno, mayormente estas dos). Pero lo que hago más tiempo de todo el tiempo que me permito a mí mismo perder el tiempo es darle al pajarito azul, Twitter. Hasta la adicción.

Imaginad que montan un parque de atracciones en un agujero negro, esto es Twitter. Cada tweet de cada persona me parece interesante y/o divertido, con links, fotos y vídeos igual de interesantes y/o divertidos... con lo que los minutos, y las horas, se pierden como lágrimas en la (eterna) lluvia (de Dublín). He probado ya unas cuantas veces lo de quitarle la App el móvil, pero eso no me impide consultarlo en mi portátil... el verdadero problema no es el vicio en sí que me supone esta red social sino la cantidad de tiempo que puedo dedicarle. Esto indica que mi trabajo me importa bastante menos que los cantos de un pajarito y que estoy realizando mi trabajo de la peor de las maneras posibles. Pero yo ya no sé cómo hacerlo de otra forma. O sí. Pero ya no me apetece.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Tras otra entrevista de trabajo

En mi última TinyLetter os contaba que estaba a punto de tener una entrevista de trabajo y, si acostumbráis a leer el título de los emails, habréis deducido que no me salió lo que se dice bien. Bueno, miento.

La verdad es que la bordé.

Veréis, las entrevistas de trabajo, al menos en Dublín, son complicadas. No son tanto una entrevista en el sentido tradicional de preguntas y respuestas para conocer a un señor, sino más bien un ir a pillar continuo en el que ooooop, sí, me pillaron. Pero, ¿en qué me pillaron? Bueno, pues tras dos horas y cuarto de entrevistas, role plays y mandangas con cuatro personas distintas (repito: CUATRO PERSONAS DISTINTAS -y una que estaba allí de miranda-) parece ser que no me seleccionaron para el puesto porque "en una de las preguntas contestaste que te saltaste una regla de tu empresa con tal de resolver un problema y eso no nos gustó".

Mirad, me inventé esa respuesta.

Era una pregunta tipo, un potro que había que saltar como en clase de gimnasia, y decidí saltarlo con una mentira bien gorda. Porque ante la pregunta de "¿me puedes decir una situación complicada que tuvieras en tu trabajo que resolvieras de forma positiva e inesperada?" solo pude recurrir a la ficción. ¿Qué se creen que es mi trabajo actual, una película de Indiana Jones? No, oiga, es EL BOREDOM. El sopor máximo. Qué situaciones ni situaciones. ¡Mentir era todo lo que podía hacer! Así que me inventé una bonita historia en la que demostraba no solo mi resolución sino mi lealtad a las políticas internas de mi empresa (saltarme las políticas de mi empresa para resolver un problema que la empresa necesitaba resolver me parecía, en última instancia, la mayor prueba de mi compromiso con mi empresa).

En fin, que un 10 en inventiva y un 0 en trabajo nuevo.

No es por ponerme digno pero en realidad no quería el trabajo. No, en serio, todo lo que rodeaba aquel trabajo me daba un poco de yuyu y, si os soy sincero, en estos tiempos inciertos de confinamientos y pandemias es cierto que tener un trabajo es tener un tesoro. Quizá cambiar de trabajo ahora es como cambiar de caballo a mitad del río... no parece lo más aconsejable. Entonces, ¿por qué dije que sí a la entrevista? Porque la posibilidad de dejar mi empresa, tras más de cinco años de puro asco (no cada día pero este sería el titular), es una cosa con la que fantaseo a menudo. Y quería hacer realidad la fantasía.

Lo dejaremos para nunca.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Ante otra entrevista de trabajo

Conseguir una entrevista de trabajo no es fácil. Conseguir una entrevista de trabajo en Dublín es dificilísimo. Y ya conseguir una entrevista de trabajo en Dublín llamándote Juan Rodríguez es directamente un milagro. ¿Convertir panes en peces? HOLD MY BEER, YEISUS... Bueno, pues lo imposible ocurrió. La tengo mañana, en apenas unas horas. Antes de esto, me levantaré, puede que salga a correr (aquí aún está permitido y procuro mantener una distancia notable con hombres y gaviotas), me ducharé, esperaré a que nos llegue el router de Virgin Media (tercer intento tras los fallidos experimentos con Eir y Sky -el Coronavirus también afecta a las nuevas altas de internet -mil gracias a nuestra vecina Siobhan que nos dejó usar su señal sin hacer preguntas ni aceptar ninguna compensación-) y me prepararé para tener mi entrevista de casi dos horas por Zoom (... whatever happened to Skype?). He estado preparándome la entrevista en los últimos días pero el problema, el sofoco, me ha venido hoy cuando he investigado a fondo la empresa, sus valores, su "cultura", tal cual se me ha pedido. Mi diagnóstico es el siguiente: son unos ultras que me dan miedo.

No digo que la empresa sea una secta pero sí que aplican comportamientos sectarios a lo que proponen. Creo que se nos está yendo un poco de las manos lo de las "empresas modernas". Puede que lo que ofrecen esté bien (de hecho, lo que más me atrae de la empresa es un software que me tiene intrigado porque lo veo como algo objetivamente positivo, si no fantástico -por magnífico que no por increíble-), pero no puedo eliminar el extraño sabor que me ha dejado en la boca ver vídeos en su web y redes sociales en los que buena parte de sus empleados rinden culto a su empresa como si fueran los Ultra Sur o los del Frente Atleti. Puede que solo sean vídeos promocionales y que la realidad, una vez dentro, sea distinta. Pero también puede ser que realmente prediquen con el ejemplo y todos sus lemas, clips y entrecomillados de somos una empresa guay y tú eres guay y todos somos guay and we are in this together lo lleven tan a rajatabla que a los dos meses quiera saltar por el muro y no parar de correr.

Acudo pues a mi entrevista con la duda de si darlo todo o dejarme ir. No debo ni puedo olvidar lo extraordinariamente difícil que me resulta conseguir entrevistas de trabajo. Pero tampoco puedo olvidarme de toda la mierda que he visto. El acatamiento masivo de directrices, el seguimiento ciego de lemas vacíos, el borreguismo absoluto de lo que sea, aunque ese lo que sea esté pintadito de blanco, siempre me ha dado pánico. SATANIC PANIC.

Ya os contaré cómo va.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Nos hemos vuelto a mudar, otra vez; ahora en mitad de una pandemia

Le contaba hace poco a una amiga que Loida y yo nos mudamos cada 18 meses, somos como uno de esos monstruos de pelis de miedo que reaparecen cada diez años para asesinar y saciar su hambre hasta la siguiente década. Debe ser ya el cuarto o quinto piso en el que hemos vivido (juntos, por separado las cuentas se disparan). ¿Por qué nos mudamos tanto? ¿Es este continuo cambiar de vivienda un reflejo de nuestro despistado discurrir por la vida? ¿Es acaso la prueba de que no somos capaces de crear un hogar? Todas ellas preguntas válidas y necesarias. Sin embargo, en lugar de rebuscar en lo más profundo de mi alma la respuesta a todas estas cuestiones vitales, voy a centrarme en una mucho más inmediata; quizá menos profunda pero mucho más mainstream: ¿a dónde nos hemos mudado?

Hemos abandonado Dublin 12, Park West, la nada; por el centro de la ciudad. Volvemos al downtown, de donde nunca debimos salir. Ahora vivimos en Dublin 1 (los numeritos indican cuán cerca estás del centro; cuanto más se aleje tu número del uno, más autobuses y autogiros tendrás que coger para trasladarte) y yo, personalmente, estoy más feliz que una perdiz. Más feliz que un ave que no tiene la capacidad de razonar, así es. Nuestra zona, nuestro barrio, nuestro “Hood”, se llama IFSC, o sea, International Financial Services Centre. Incluso con un inglés básico, de Opening, podréis deducir que es la parte de la ciudad donde se concentran varias empresas dedicadas a “cosas financieras”. Bancos y cosas de esas. Facturas. Yo qué sé. El IFSC fue creado a posta en los 80 para revitalizar una parte de Dublín que estaba como unos zorros y, picoteando en su página web, parece ser que su importancia en la economía irlandesa es mayúsucula, así que ya le daré un buen repasito en un futuro post.

Nuestro nuevo casero se llama Des (le llamamos Desmondo), es un señor mayor, nervioso, en continuo zigzagueo, al que se le caen los bolis, que olvida y recuerda cosas con cada pestañeo… pero lo más importante de todo es que es UN SER HUMANO. Parece una persona buena o, por lo menos, una persona razonable. No una máquina recaudadora sino una persona con la que se puede hablar. Nos cambió el sofá como le pedimos y nos pintó el piso antes de hacer la gran mudanza. Sobre la campana y tras insistirle en que tras la gran mudanza kajuna no habría sitio para hacerlo, pero lo hizo. Estoy encantado con nuestro nuevo casero. Ahora tenemos, efectivamente, un casero. El anterior que teníamos (al que tengo pendiente enviarle una gran caca por correo certificado) era un ogro, un ser huraño y meramente notarial. Incómodo con todo lo que no fuera cobrar dinero. I’m sorry honey but being a landlord is a whole different thing.

Pero no hagamos leña del árbol recién caído, lo importante es la ola de positividad que ha traído esto a mi vida. Mudarse en Dublín, si eres una pareja y no te cede el piso un amigo, es casi imposible. Es una empresa dificilísima. Y por fin lo hemos hecho. No ha sido un cambio de piso en las mejores circunstancias, precisamente. Una mudanza, buscar reemplazo para tu alquiler y dar de alta y baja los contratos de luz, internet, etc no es lo más fácil del mundo en mitad del Coronavirus –por cierto, no hemos incumplido una sola norma de las impuestas por el gobierno local para contener la propagación del virus, las restricciones a salir de casa no se produjeron hasta unos días después de haber hecho nuestra mudanza… que adelantamos una semana precisamente para evitar quedarnos en el piso viejo con 40 cajas y nadie que nos ayudara a moverlas-. Pero a lo que iba, que nos hemos mudado. Ha sido posible. Es increíble, pero lo ha sido. Y si esto ha sido, ¿qué más puede ser? Espero que mucho. Y espero poder contarlo pronto.

Psssst, pssssst, muchacho, ¿¿pero cómo es el nuevo piso?? Me alegro de que me hagas esa pregunta…

martes, 12 de noviembre de 2019

And now for something completely different...

Cuando tenía 14 o 15 años me dedicaba a escribir unas historias, ciertamente estúpidas, en las que un "héroe de acción" tipo Hollywood besaba a la chica y mataba a los malos (el cine comercial yanqui me crió, no podéis culparme). La primera de estas historias llevaba por título Tumulto y el argumento (que me iba inventando literalmente a cada página que escribía, un "a lo que salga" concienzudo) nos presentaba (también a mí, que era el autor pero no sabía por dónde me iba a salir a mí mismo, como la sombra de Lucky Luke) a Billy Johnson, the hero, en la isla de Malta (¡Malta!) teniendo que sacar de la cárcel a Melanie Sherman, the damsel in distress, a la que habían metido en el trullo por un crimen que no había cometido. O sí. O yo que sé. O puede que a historia tuviera lugar en San Francisco. No sé. Recuerdo que el villano de la tercera parte se llamaba El barón de la birra (que era el nombre que se puso Homer Simpson cuando prohibieron el alcohol en Springfield y él se dedicaba a meterlo de tapadillo bajo este revelador pseudónimo). Era todo bastante tonto. Y me lo pasaba pipa. Me lo pasaba Aron Piper.

Era tal que así

-Hola, Melanie; soy yo, Billy.
-¿¿Pili??
-No... Billy. Billy Johnson. He venido a rescatarte.
-¡Billy Johnson, já! Si has venido a rescatarme de una vida de mediocridad vete por donde has venido. La última vez que vivimos juntos... bueno... diría que tu segundo nombre es Mediocre.
-No... mi segundo nombre es Efigenio. He intentando quitármelo varias veces pero sabes que las cláusulas a este respecto son ciertamente opresivas en España. ¡¡Opresivas!!
-Escucha, Bill... entre una vida en la cárcel y una vida junto a ti, creo que aquí tengo menos barrotes.
-No. De hecho, tienes más. Literalmente, tu celda tiene 50 barrotes. 
-Nunca fuiste bueno para las metáforas, Billy. 
-Si quieres un héroe, aquí me tienes. Si quieres lengua... aquí me tienes también. ¿Sabes a lo que me refiero, Melanie? ¿Me entiendes? ¿ME ENTIENDES?
-... la sutilidad... no. Tampoco se te daba bien. Tú eres más del kiss kiss bang bang, disparar primero, preguntar después. Eres a la sutilidad lo que Joaquín Ramos Marcos al arbitraje.
- ¿Su máximo representante, si bien calvo y barrigudo? Lo acepto. Acepto el papel que me ha tocado jugar en la sociedad, Melanie. Y mi papel de héroe me exige sacarte de la cárcel. Mereces la libertad y yo libertarte.
-¿¿Libertarte?? Querrás decir liberarte.
-De hecho, quería decir Liberto Rabal. ¿Le has visto en alguna película últimamente?
-No desde Carne Trémula.
-Era era buena, ¿eh, Melanie?
-Era muy top. Me gustaba especialmente el cartel, con dos cuerpos apretados, bien ceñidos.¿Es eso en lo que pensabas cuando veías la película, Billy? ¿En nuestros cuerpos, despojados de toda prenda, arrejuntados sin remisión?
-No, solo quería activar los subtítulos para entender a Liberto Rabal. No niego que es talentoso pero la vocalización del actor español siempre me ha generado dudas.
-Habló el que parece que come albóndigas cuando habla.
-No lo parece, siempre llevo una cazuelita encima. Receta de mamá. ¿De qué crees que me alimento, del aire?
-Si el aire está formado por natillas Danet de chocolate, entonces sí, del aire. Escucha guapo, el michelín no engaña.
-Me juzgas por mi físico cuando soy un héroe en toda regla.
-Si las reglas que usas miden los centímetros de manera inexacta, entonces sí, en toda regla.

--- Y así todo el rato. 100 páginas. 200. Una mezcla de James Bond y las películas de Agárralo como puedas. Me entretiene. Como esa gente (sin duda, peculiar) que va haciendo crucigramas en cuadernos especiales de crucigramas. No se han topado con un crucigrama, no; se han comprado un "cuadernillo de crucigramas" para hacerlos todos. Si ellos son felices... the same principle applies here.

Escribí cuatro o cinco "libros" de esto hasta llegar al punto de prescindir de todo argumento, que no era más que una excusa para llegar a los diálogos, que es lo que yo disfrutaba de verdad. Me encanta escribir diálogos. A veces la gente se me queda mirando por la calle... que es cuando reparo en que lo he vuelto a hacer, estoy vocalizando los diálogos que me estoy montando en la cabeza. Siempre he dialogado. Y con este encierro que nos ha tocado vivir (¿todo el mundo sano y salvo?) me están entrando unas fuertes ganas de volver a dialogar. ¿Por qué no recuperar aquellas historias tan tontas que escribía de adolescente y colgar algo en Amazon? El solo hecho de escribirlo ya me merecería la pena. Porque trabajar desde casa en lo que trabajo es, simple y llanamente, tirar mi vida por la gatera. Escribir tonterías no era lo más tonto que iba a hacer en mi vida. Ni de lejos. 

(Si publico Tumulto 2020, de lo que os informaré en estas TinyLetters, se lo dedicaré a mi amigo Estellés, el mayor fan que nunca tuve)
  • Hace poco le puse a Loida una peli late-noventera de las que me gustó mucho en su momento y vista hoy en día pues... psé, pasable, sin más. Me refiero a Kiss The Girls (El coleccionista de amantes), película que se subió a la ola de los psycho-killers inaugurada con Seven y continuada con otro coleccionista, El coleccionista de huesosCopycat y alguna otra. Flojita. Aunque Ashley Judd y Morgan Freeman están muy top.
  • Últimamente me he metido en vena varios podcasts de Campamento Krypton; el de Astérix, el de las películas deportivas, el de Italia en España, el del Hombre Invisible... altamente recomendable.
  • Mi compi Pili Halliwell y un servidor hemos copiado la política "libros gratis para el encierro" y hemos habilitado un link para bajarse gratis nuestro Libro de Sensación de Vivir. Lo hacemos a espaldas de la editorial pero vamos, no creo que vayan a perder ni siquiera un euro. Además, solo puede ser descargado durante un tiempo limitado. No es alta literatura pero lo dimos todo. Yo creo que de las cosas tontas hay que hablar con toda la seriedad que se pueda.
  • Nada más por hoy. Más TinyLetters (he hecho todas públicas y lo seguirán siendo por si esto le entretiene a alguien) en los próximos días. Ánimo y fuerza para todos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Un San Patrick en casa

Escribo esto al mismo tiempo que trabajo desde casa. ¿Sabéis esos trabajos de oficina en los que te puedes escaquear 5-10 minutos cada hora (o cada veinte minutos, para ser más realistas) para mirar Facebook, El País y, en mi caso, los editoriales de Alfredo Relaño en el As? Pues yo estoy aprovechando esa rendijita para escribir una de mis TinyLetter. También en casa hay que mantener las buenas costumbres del trabajo, eso no lo dicen en lo de "no curres en pijama, despeja tu mesa de trabajo" y todos esos consejos tan guays. El mío es este: sigue vagueando en casa del mismo modo que vagueas en el trabajo. Si te has traído el trabajo a casa, te lo has traído con todo el equipo, que no nos vengan ahora con novedades.

Si trabajo desde casa es porque la empresa nos ha dicho que hoy, sí o sí, era obligatorio quedarse en casa. Los únicos que han ido a la oficina son los que tienen alguna situación chunga en casa tipo no tengo laptop o mi compañero de piso se ha puesto a ver Making a Murderer en el living room a todo volumen y no me puedo concentrar (como contó a viva voz una pesada ayer cuando llegó a la oficina en plan "os voy a contar mi drama personal y lo vais a escuchar queráis o no", ¡¡cállese ya, pesada!!). Loida también está trabajando desde casa desde ayer aunque hoy no lo hará. Porque hoy es St Patrick's Day y para ella es festivo. Yo trabajo porque trabajo todos los festivos (¿recordáis hace un párrafo con lo de traerse todo el equipo del trabajo a casa? Literalmente, todo el equipo).

Es, por supuesto, el St. Patrick más extraño que nos ha tocado vivir. Según escribo estas líneas, y según datos del Irish Times, hay hasta el momento 2 muertos y 223 infectados por el Coronavirus en Irlanda. El gobierno ha pedido -no impuesto- dos semanas de vida en casa a todos los ciudadanos para intentar detener la expansión salvaje de Italia y España. Ojalá se contenga en esta isla. Vivimos desde aquí las noticias de España con bastante inquietud y desconcierto (¿se puede ir al Mercadona con toda la peña pero no se puede ir a correr en solitario?); y ojalá pase pronto esta amenaza que tantísimas vidas se está cobrando. Personalmente, aunque puedo entender que el encierro se le está haciendo cuesta arriba a mucha gente, yo siempre he sido la persona más antisocial del mundo; así que lo de quedarse en casa y mantener distancia con la gente es un "welcome to my life" en toda regla. Mis preocupaciones tienen más que ver con mi hermana, mi madre y mi padre. Y mis amiguitos. Por ahora están bien y espero que sigan así forever. Soy de Madrid y me da mucha pena cómo se ha ensañado el virus con mi ciudad. Mucha fuerza desde aquí, os la mando yo, Loida y el Señor Tayto, que para este St Patrick había sacado unas patatas especiales de Bacon y Repollo y otras de Guiso de Carne. ¡Mmmmmmmmmmmmmm!


 

domingo, 10 de noviembre de 2019

Memoria selectiva

No sé si os pasa a vosotros pero a mí cada vez me cuesta más retener, abrazar, to fully comprehend, las cosas que veo. Hace poco he visto varias películas que, simplemente, se evaporan en mi mente poco a poco tras su visionado, como si sus imágenes no hubiesen dejado en mí ningún poso. ¿Se debe a que son malas películas que mi cabeza ha decidido descartar sin ni siquiera informarme o es, en cambio, un síntoma (uno más) de que me estoy haciendo viejo como un bosque viejo? ¿Puede un bosque ser viejo? ¿Hay bosques jóvenes? Bosques teenagers, descubriendo los primeros amores. Los años formativos de un bosque. Se rebela contra sus padres. ¡Malditos bosques teenagers!

Esto me agobia un poco porque me encanta el cine y veo muchas películas y siempre he disfrutado de cierta memoria cinéfila. Siempre he almacenado una cantidad ingente (espero que ingente sea una palabra real) de datos estúpidos sobre actores, directores, años de rodaje, esto, lo otro… Yo era, a mi manera, un pequeño IMDB con piernas y ojos. ¿He dejado de serlo o es, simplemente, que se trata de una racha de pufos que no merecen ser recordados? En cualquier caso, este desvanecimiento de películas recién vistas me ha hecho acordarme de algo que siempre decía mi padre, que es ser selectivo con las cosas. La posibilidad que tengo hoy en día de ver el 75% de la producción audiovisual mundial (¿el 80%? ¿el 90%?) no significa que TENGA que verla. Que Netflix suba un nuevo true crime sobre un jugador de la NFL acusado de asesinato no supone que tenga que darle al play un segundo después (ENGANCHADITO PERDIDO). Quizá todo se reduzca a esto, a ver menos cosas, mejores, más filtradas, para que mi cabecita las retenga todas.

Tengo la esperanza de cribar mejor en un futuro inmediato, puesto que el efectivo uso de mi tiempo libre es algo que cada vez me agobia más. A ver, agobia, duermo a pierna suelta por las noches (caigo en la cama como un saco de patatas –viejas-), pero sí que suelo pensar “¿debo seguir leyendo este libro que no me está contando nada especial cuando hay tantos libros pendientes ahí fuera que está perdiendo su oportunidad de ser leídos en este preciso momento?”. Supongo que si te surge la duda mientras lees o ves algo, es que no es lo suficientemente bueno. Aunque también puede ser que esta sociedad que hemos montado va a una velocidad que te exige consumir primero y preguntar después. Mira la nueva temporada de... O MUERE. Apúntate a esta oferta... OR DIE. Conoce ya el nuevo restaurante de Pepito... OR KILL YOURSELF. Morir no quiero pero a mis neuronas no les dejan muchas más opciones.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Año nuevo, vida viejísima

No era mi intención empezar mi primera TinyLetter del año con un mensaje negativo pero tenía que hacerme eco de mi propia realidad (... también podría hacerme Eco del otro, del de los cereales solubles, y no daros la murga a vosotros pero hey, tú te suscribiste a estas cartitas, now deal with it). Vayamos a lo de mi propia realidad, "¿qué quieres decir con que año nuevo, vida vieja, Juanito?". Me alegro de que me hagas esa pregunta. Mira, mi intención cuando pensaba en qué contaros para empezar el año era hacer una lista, entre realista y simpática (más lo segundo que lo primero) de nuevos propósitos para este 2020 que acaba de echar a andar. Que si conseguirme un trabajo más acorde con mis "skills", que si vivir en un piso un poquito más barato, que si poner en marcha esa cosa que quiero poner en marcha desde hace algunos años... y qué pasa, pues que te pones a pensar en cada una de estas resolutions y más que resolutions suenan a pequeñas peliculitas de ciencia-ficción, tan factibles como El Planeta de los Simios (eh, yo a favor de que nos gobiernen unos macacos con mano de hierro aunque solo sea por ver a primates montando a caballo).

¿Será que ya tengo una edad y cualquier cambio me supone un mundo? Siempre pienso que de ser más joven habría dejado mi actual trabajo a los pocos meses pero ahora con las facturitas, con el hecho de a dónde voy yo ahora tras cinco años haciendo algo equivocado, con esto y con lo otro... pues se me hace bola. Y lo de empezar el training, el periodo de prueba, los learnings, los nuevos compañeros, el commuting... UUUUUFFFFF. Un UUUUUUFFFFFF bien grande. No sé si es edad o cobardía. O puede que las dos al mismo tiempo. En cualquier caso, haría mucho mejor si dejara de buscar culpables en plan CSI Pathetic y me dedicara a buscar soluciones. Así pues (me encanta decir así pues), mi resolution auténtica, la que vendría a resumir todas las que ahora me parecen inasibles (existe, la he buscado en el diccionario) es la siguiente:
  • CAMBIA DE PUÑETERA  VIDA, JUAN
Gracias, Juan, intentaré hacerte caso. Por tu bien. Por mi bien. Somos dos, en un reloj. Y mirándonos podrás decir, si ha llegado ya la hora de dormir. 

Buena suerte para todos.
  • Esta semana he escrito sobre el nuevo estreno de Netflix sobre el apasionante mundo del... eemmmm... patinaje sobre hielo. No, a ver, Spinning Out está bien, llevamos tres capis y bien. No es de visión imprescindible pero es un dramilla resultón (confieso que estoy un poco in love de la protagonista, Kaya Scodelario, me parece fantástica, además de guapísima, claro). Algo que sí es realmente interesante, de parar con el mando, es ver si las escenas de patinaje las hace ella o una doble. Lo hacen francamente bien y es complicado decir "¡Actriz", "¡Doble!", yo creo que hasta habrán tirado de superposición de cara con ordenador en ciertos momentos, esto de los efectos especiales visuales ha llegado ya a un punto que... Os reto a ver un par de episodios y afirmar con seguridad "nunca es ella patinando" "parece que a veces es la doble pero es ella la que hace los landings"... es el nuevo culo o codo.
  • También escribí en Brenda Forever sobre todas las películas oscuras de Netflix que empecé a ver pero tuve que dejar por no tener huevos (esto es así).
  • Os voy a dejar con dos recomendaciones chachis: he vuelto a ver Breakdown, un triller noventero de Kurt Russell que es simplemente excepcional, deja todo lo que estés haciendo y ponte a verla ya. Loida no la había visto, yo sí, en cine, cuando tenía la mochila cargada de sueños. Loida quedó plenamente satisfecha. Y yo, maravillado. Es una película estupenda que quiero volver a ver. Para estudiar. Ese guión milimétrico, esa edición conchanuda, esa dirección firmísima. Es una de mis películas favoritas y ni siquiera lo sabía. La otra recomendación es The Woman in The Window. No sé qué tal estará la peli, con sus escenas añadidas y problemas de rodaje, pero la novela es un thriller vecinal (domestic noir) de los que me metería en vena desde que me levanto hasta que me acuesto. Un vicio puro y duro que no se detiene en cosas como la calidad literaria pero, si me preguntan, diré que está estupendamente escrito. O eso me ha parecido.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Nah-vidad

De pequeño, adoraba la Navidad (lo voy a poner en mayúsculas porque no me apetece abrir el melón de si se escribe con mayúsculas, con minúsculas o en papiro). Era fan absoluto de la Navidad, de la idea importada de la Navidad, del camión gigante de Coca-Cola, del Santa Claus absolutamente orondo pero perfectamente flexible para colarse por las chimeneas de… vale, a ver, no, en Santa Claus nunca creí, tampoco recuerdo que mis padres conservaran durante mucho tiempo la mentira de los Reyes (ni mucho ni poco, creo que en mi casa nunca existió misterio alguno respecto a quién traía los juguetes a casa), tampoco tenía ninguna razón en especial para ser fanático de estas fiestas… pero las adoraba. Supongo que me gustaban tanto porque me habían dicho, en las películas y en las series que me habían criado, que eran geniales y que si no estabas a favor de obra eras una persona sospechosa.

Ahora, muchos años después de aquella mentira compartida, puedo afirmar sin temor a equivocarme que adoro el espíritu de concordia que trae consigo Santa Claus en el saco (… Santa, en serio, ¿todavía con un saco?), pero no me gusta tanto su avasallamiento. Aquí en Dublín, donde saltan de una fiesta en otra sin solución de continuidad (cuando no es Halloween, es Christmas; y cuando no es Christmas, es San Valentín; y cuando no es San Valentín, es St Patrick’s… no quedan días sin ser celebrados), la invasión es total y absoluta. Tienes que vivir EN NAVIDAD o no vivir en absoluto. Y esto es genial cuando tienes las visión de cuando tenías cinco años y todo era mágico. Ahora ya no la tengo, soy viejo y estoy algo desencantado, con la vida y conmigo mismo pero especialmente conmigo mismo, y esta imposición de felicidad incondicional, felicidad o muerte, me genera cierto rechazo. Porque, básicamente, lo que estas fiestas proponen (¿imponen?) es que seas todo lo feliz que pueda ser un ser humano… y si ya me cuesta esto el resto del año, no os quiero ni contar lo que me está costando ahora.

Me está costando más que ir al gimnasio.
  • Hace poco publiqué en Brenda Forever una lista con mis pelis favoritas de 2019 y the very same fandango con las series. Y, para los muy freaks, colgué un audiocomentario de Scream, una de mis películas de cabecera. This is my shit. This is my jam.
  • Si esta pequeña notita te ha gustado, suscríbete y dile a tu lechero, a tu cartero y a las señoras que compran jureles en el mercado (especialmente a ellas), que se suscriban. Hay que suscribirse a cosas. Es el siglo XXI.
  • Os escribo en 2020. Hasta entonces, ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo! Esto también se dice en inglés (“prosperous”)… y sí, ellos también lo usan únicamente una vez al año.  

Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...