jueves, 27 de agosto de 2020

De repente, un sabio

Avanzando entre los comentarios de un post de Espinof, que es como ir avanzando entre las trincheras en un conflicto bélico, he dado con una respuesta bien argumentada, elegante y sencilla de un tipo que responde al nick de "mrwesborland" y que me ha reconciliando con los comentarios de internet. Suelen ser atroces, pero he aquí el oasis en el desierto. Una persona mezquina y caricata se quejaba de que los James Gordon y Catwoman del trailer de la nueva película de Batman fueran negros... y llega el Sr. Mrwesborland al rescate del sentido común y del respeto. Gracias, amigo:

Siempre que sea posible que la raza no sea un factor inalterable yo no lo veo nada mal, es decir entiendo que si alguien va a representar a hitler de forma fidedigna pues este no sea negro pues se alteraría el rigor histórico del personaje, después están las parodias, universos alternativos o lo que quiera el autor...

Pero en este caso, que son personajes de ficción, que la raza no altera la historia... pues no veo el problema. Habrá que ver a Catwoman, pero a mí Jeffrey Wright me gusta mucho como Gordon.

Al final estos personajes de cómics fueron creados en un contexto histórico en el cúal la norma era que los protagonistas de una obra fueran de raza blanca. Así surgió luego el Black Explotation (que aunque tenga su romanticismo, pues refleja un defecto de la sociedad). Vivimos en una época en la que no debería importar que la protagonista de una película sea negra, china o tailandesa, lo importante es que sea una buena actriz para la ocasión y su personaje sea coherente con al trama.

No sé si me explico, pero creo que deberíamos abrir la mente con estas cosas y dejar de escandalizarnos con esto, y preparnos para ver a un Batman o Superman de raza Negra sin ningún problema.

Dicho esto, soy el primero que me molesta cosas como meter con calzador el tema racial, discursos étereos sobre el tema en películas, todo el tema de censurar errores del pasado, etc.

También hay que entender ya a ciertas alturas, que la obra original es la que es, y las adpataciones son las que son, que unos son dueños de una cosa y otros de otra y pueden hacer lo que le de la gana, lo que quiero decir es que ni los comics anulan a la película, ni la pelicula a los cómics, y que si tu como espectador no quieres consumir el producto, nadie te obliga.

De verdad, este tío se merece un premio. No se pueden exponer las cosas con más naturalidad. Aquello que le decía Resines a Fran Perea en Los Serrano ("tienes la mirada sucia"); esa es la época en la que vivimos. Esas son las gafas que se pone la peña. Y cada vez da más repelús. 

martes, 25 de agosto de 2020

El infantilismo

 Estoy muy de acuerdo con Carlos Martínez, comentarista de partidos de fútbol de Canal Plus Movistar, cuando dice en esta entrevista en El País que vivimos tiempos de enfrentamiento máximo y entendimiento mínimo (... solo espero que se equivoque en su predicción de cuánto tiempo sufriremos esta realidad):

P. La polarización.

R. Hemos perdido la capacidad de ponernos en la piel del otro y escuchar a quien no piensa lo mismo que nosotros. Así no hay manera de crecer ni de aprender. Es de una ridiculez asombrosa. Me temo que ese infantilismo ha llegado para quedarse

domingo, 23 de agosto de 2020

TL:DR

No ha sido hasta el día de hoy, un día cualquiera perdido a finales de agosto del año de la pandemia, que he descubierto el dignificado del acrónimo "TL;DR". Esta enigmática expresión me venía inquietando desde hacía ya algún tiempo y he tenido que ponerme por fin en serio, me he tenido que arremangar y llegar al fondo del asunto... haciendo una búsqueda de tres segundos en Google. La espera fue interminable. Resulta que el término "TL;DR" (o variaciones del mismo como "TL;dr" o "TLDR") significa "Too Long, Didn't Read" y se usa para cuando sueltas un tocho espectacular en internet y quieres resumirlo todo de golpe en una o dos líneas por si los lectores han decidido pasar olímpicamente de tus diatribas. Me parece bastante útil, oye.

Tuve que matar al gusanillo de la curiosidad al ver lo de "TL;DR" al final de un post de David Chen en el que pide dinero para "seguir haciendo cosas" (literalmente, el post se titula "How can you help me make more stuff"). Lo argumenta todo tan detalladamente, el por qué pide pasta en internet y para qué la pide, que al tipo no le queda más remedio que soltar un "Mú Largo No lo has leído" al final de su entrada diciendo básicamente que si te gusta lo que hace en internet que le ayudes con una donación en su Patreon. Yo no le he dado ni un durito porque tengo una política muy determinada para estos temas (otro día entraré en ella... y no, no es "no dar nunca dinero a ningún proyecto de internet") pero sí que quiero que siga haciendo muchas más cosas. Porque yo a David Chen, un asiático-americano que trabaja en Amazon y antes en Microsoft y antes en nosedónde, lo descubrí en el podcast de cine de la página Slashfilm y ya no me he bajado de su carro.

Ya sea en sus podcasts de Breaking Bad (de la que me aproximo a su episodio final, lo estoy rodeando como los buitres a la carroña, a la deliciosa carroña), sus fantásticas anécdotas con el (tronchante) actor Stephen Tobolowsky o en sus vídeos de... ¿¿violonchelo?? (ejemplo debajo), admiro a este tipo. Me parece que es un comunicador de la leche (no me gusta mucho esta palabra y creo no usarla a la ligera en esta ocasión) y ha sido curioso observar su "evolución personal" de tío algo pedante en sus inicios a tío mucho más relajado sabiendo cuando corregir a los demás, cuando demostrar que es muy inteligente y cuando... no hacer ninguna de esas cosas sabiendo que el solo hecho de no hacerlo ya demuestra tu inteligencia y saber estar. Ojalá le den mucha pasta para hacer cosas. Yo no lo haré porque de donación mínima pide unos 4 dólares al mes (¿¿¿quéeeeeeee???) pero me va a tener en su trinchera siempre que quiera.

TL;DR: Soy muy fan de un tío que se llama David Chen que hace muchas cosas chulas en internet

lunes, 27 de abril de 2020

Lo que hacemos con el tren parado

Loida y yo estamos bien, en casa, trabajando con sucedáneos de los sistemas que usábamos en nuestras respectivas oficinas pero bien, sanos y salvos, confinados y habituados ya a esta nueva vida que se vive desde casa. Escribir estas palabras en esta frase tan larga es, por supuesto, pura magia. Ya simplemente el hecho de sentarme a ESCRIBIR EN UN BLOG denota que:

1) No tenemos el Coronavirus, por lo que somos afortunados
2) No tenemos ningún familiar o amigo en situación de riesgo, por lo que somos afortunados

Una vez hecho este disclaimer, quería hacer una estúpida y prescindible reflexión. De todas las conclusiones que se van sacando de cómo ha afectado esta pandemia a nuestras vidas (invertir trillones de dólares en sanidad pública parece una tan obvia como necesaria), hay algunas que no por el hecho de ser menores dejan de ser conclusiones. Son, simplemente, más chiquititas. Por ejemplo, en qué empleamos nuestro tiempo libre. ¿Cuántas veces decíamos aquello de "si tuviera tiempo, patatín patatán"? (Sustituyendo "patatín patatán" por ese hobby al que nunca podías dedicarle tiempo... si dijeras literalmente "patatín patatán" serías la versión en carne y hueso de Ned Flanders). Pues bien, ¡esta es tu oportunidad! 

- Estooooo... ¿te refieres a mí, Juan? Es decir, ¿te refieres a ti mismo desde tu propio blog? ¿Te estás auto-interpelando?
- Sí, me estoy auto-interpelando.
- Ok, pues gracias. Sí, asumo que esta es una oportunidad para retomar esas aficiones aparcadas y, si no te importa, voy a seguir yo con la reflexión del post en formato normal de entrada de post, no en este formato de auto-diálogo.
- Sí, claro, Juan, procede.

Gracias a mí mismo. Pues veréis, ahora que los que estamos sanos y salvos en casa tenemos tiempo libre para emplearlo en lo que queramos, se nos plantea la duda no solo de qué hacer con él sino, también, de la idoneidad de tal decisión. Desde que empezó el encierro he grabado podcasts, he escrito posts, he leído libros y tebeos, he visto series y películas, he anotado ideas para proyectos que nunca terminaré... y, bueno, vale, he hecho torrijas por primera vez en mi vida (aunque la canguro que tenía de pequeño me enseñó a hacer french toasts que son pretty much the same...). En resumen, he hecho lo que ya hacía antes pero ahora todo el rato. ¿Es este el mejor uso de mi tiempo? ¿Debe el tiempo libre usarse de manera efectiva? ¿No ansiamos tener tiempo para darnos el gustazo de... perderlo? ¡Si quiero perder mi tiempo libre lo pierdo porque para eso se llama LIBRE! ¿Podemos llamar "tiempo libre" a la ejecución marcial de nuestros hobbies? Si tengo dos horas para leer y me paso 120 minutos sin despegar los ojos del libro... ¿también cuenta como tiempo libre o solo emplearía así su tiempo libre UN PICHICÓPATA?

Pichicópata es un psicópata chulapo. De Madrid. 



En fin, que el tren, ese del que no nos podíamos bajar porque iba muy rápido, ha parado. Y, ahora que podemos pararnos a pensar en lo que estamos haciendo con nuestras vidas, yo aconsejaría que pensáramos en las cosas importantes. Porque acabas de emplear valiosos minutos de tu tiempo libre en este post chorra y... no sé yo si ese es el mejor uso de tu tiempo.

(Peor es lo mío que lo he usado en escribirlo)

viernes, 3 de abril de 2020

Lo importante de la reserva

En el vídeo de debajo, a partir del segundo 39, podéis ver uno de mis momentos favoritos de Seinfeld. En él, Jerry Seinfeld le expone claramente a la empleada de la agencia de alquiler de coches cuál es la parte más importante de una reserva. Creo que esta definición es extrapolable a buena parte de la sociedad moderna. Todo se hace rápido, ligero y por encima; y lo verdaderamente importante de las cosas queda en un segundo plano. Me refiero especialmente al "contrato social", aquello que les debemos a los demás en nuestros trabajos o comportamientos públicos. (Suspiro)

Seinfeld - The Car Reservation from The Outsider's Perspective on Vimeo.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Spaceman from Pluto

En una de las anécdotas más famosas de Regreso al Futuro (al menos, una de las más famosas para los frikazos del film como yo), se dice que la película estuvo a punto de llamarse Spaceman from Pluto. Esta fue una sugerencia de uno de los jefes del estudio como posible título para esa película de un adolescente que viaja al pasado que tenían entre manos. La respuesta de Spielberg, productor del film, fue mandarle una nota de respuesta al jefe tipo "Jajajaja, muy graciosa la broma, apreciamos tu sentido del humor", como dando por hecho que era una sugerencia de coña, incapaz de ser tomada en serio por nadie con dos dedos de frente; tenía que ser una broma sí o sí. El jefe, después de esto, se tapó. Y la película se llamó como se tenía que llamar. Viene esto a cuento de una entrevista a Tom Hanks que acabo de leer en The Guardian: usa el sentido del humor para atizarle a sus jefes y me pregunto si esta no es la mejor y más efectiva técnica para repartir palos sin dar la posibilidad de réplica. La ironía y la clase como arma definitiva ante la mierda.

Veréis, en la entrevista se tratan varios temas interesantes (como el de cómo atravesó el coronavirus el actor) pero a mí me ha llamado la atención esos dardos que les lanza a sus jefes de AppleTV+ (¿queréis ponerle otra coletilla más a vuestra plataforma de streaming, Apple?). Dice que "se arrodilla ante sus dueños" cuando explica por qué tiene un fondo totalmente blanco en su tele-entrevista (exigencia de AppleTV+), explica que no quiere "molestar a mis superiores" cuando se muestra decepcionado con que su película 'Greyhound' se vaya a estrenar en AppleTV+ y no en cine... y alguna otra puyita que suelta. Todas sus críticas a AppleTV+ (que le habrá pagado un pastizal al tiempo que le ha robado la posibilidad de estrenar la película en cines) son en plan "mis queridos jefes que me tienen atado con un collar y me han puesto un bozal pero a los que adoro y respeto" y me ha parecido maravilloso. No creo que en Apple hayan disfrutado de la entrevista pero ¿cómo decirle algo cuando continuamente se muestra respetuoso con sus geniales amigos de Apple? En fin, que me encanta Tom Hanks y os recomiendo que leáis la entrevista.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Mientras trabajo

El tele-trabajo (o, para ser más correcto, el tele-trabajo de oficina) permite ciertas libertades (o, para ser más correcto, libertinaje) que hace la cosa un poquito más llevadera. En mi caso, durante las ocho largas horas que tengo que sentar mi culito blanco delante de la pantalla del ordenador, acuden en mi ayuda unas cuantas actividades de recreo con las que intento aguantar el tirón lo mejor posible. A saber: escucho muchos podcasts y programas de radio (Carne Cruda, El partidazo de COPE, Campamento Krypton), leo muchos periódicos online (El País, El Diario, As) y consulto febrilmente páginas webs sobre cine y televisión (Slashfilm, Imágenes online y... bueno, mayormente estas dos). Pero lo que hago más tiempo de todo el tiempo que me permito a mí mismo perder el tiempo es darle al pajarito azul, Twitter. Hasta la adicción.

Imaginad que montan un parque de atracciones en un agujero negro, esto es Twitter. Cada tweet de cada persona me parece interesante y/o divertido, con links, fotos y vídeos igual de interesantes y/o divertidos... con lo que los minutos, y las horas, se pierden como lágrimas en la (eterna) lluvia (de Dublín). He probado ya unas cuantas veces lo de quitarle la App el móvil, pero eso no me impide consultarlo en mi portátil... el verdadero problema no es el vicio en sí que me supone esta red social sino la cantidad de tiempo que puedo dedicarle. Esto indica que mi trabajo me importa bastante menos que los cantos de un pajarito y que estoy realizando mi trabajo de la peor de las maneras posibles. Pero yo ya no sé cómo hacerlo de otra forma. O sí. Pero ya no me apetece.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Tras otra entrevista de trabajo

En mi última TinyLetter os contaba que estaba a punto de tener una entrevista de trabajo y, si acostumbráis a leer el título de los emails, habréis deducido que no me salió lo que se dice bien. Bueno, miento.

La verdad es que la bordé.

Veréis, las entrevistas de trabajo, al menos en Dublín, son complicadas. No son tanto una entrevista en el sentido tradicional de preguntas y respuestas para conocer a un señor, sino más bien un ir a pillar continuo en el que ooooop, sí, me pillaron. Pero, ¿en qué me pillaron? Bueno, pues tras dos horas y cuarto de entrevistas, role plays y mandangas con cuatro personas distintas (repito: CUATRO PERSONAS DISTINTAS -y una que estaba allí de miranda-) parece ser que no me seleccionaron para el puesto porque "en una de las preguntas contestaste que te saltaste una regla de tu empresa con tal de resolver un problema y eso no nos gustó".

Mirad, me inventé esa respuesta.

Era una pregunta tipo, un potro que había que saltar como en clase de gimnasia, y decidí saltarlo con una mentira bien gorda. Porque ante la pregunta de "¿me puedes decir una situación complicada que tuvieras en tu trabajo que resolvieras de forma positiva e inesperada?" solo pude recurrir a la ficción. ¿Qué se creen que es mi trabajo actual, una película de Indiana Jones? No, oiga, es EL BOREDOM. El sopor máximo. Qué situaciones ni situaciones. ¡Mentir era todo lo que podía hacer! Así que me inventé una bonita historia en la que demostraba no solo mi resolución sino mi lealtad a las políticas internas de mi empresa (saltarme las políticas de mi empresa para resolver un problema que la empresa necesitaba resolver me parecía, en última instancia, la mayor prueba de mi compromiso con mi empresa).

En fin, que un 10 en inventiva y un 0 en trabajo nuevo.

No es por ponerme digno pero en realidad no quería el trabajo. No, en serio, todo lo que rodeaba aquel trabajo me daba un poco de yuyu y, si os soy sincero, en estos tiempos inciertos de confinamientos y pandemias es cierto que tener un trabajo es tener un tesoro. Quizá cambiar de trabajo ahora es como cambiar de caballo a mitad del río... no parece lo más aconsejable. Entonces, ¿por qué dije que sí a la entrevista? Porque la posibilidad de dejar mi empresa, tras más de cinco años de puro asco (no cada día pero este sería el titular), es una cosa con la que fantaseo a menudo. Y quería hacer realidad la fantasía.

Lo dejaremos para nunca.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Ante otra entrevista de trabajo

Conseguir una entrevista de trabajo no es fácil. Conseguir una entrevista de trabajo en Dublín es dificilísimo. Y ya conseguir una entrevista de trabajo en Dublín llamándote Juan Rodríguez es directamente un milagro. ¿Convertir panes en peces? HOLD MY BEER, YEISUS... Bueno, pues lo imposible ocurrió. La tengo mañana, en apenas unas horas. Antes de esto, me levantaré, puede que salga a correr (aquí aún está permitido y procuro mantener una distancia notable con hombres y gaviotas), me ducharé, esperaré a que nos llegue el router de Virgin Media (tercer intento tras los fallidos experimentos con Eir y Sky -el Coronavirus también afecta a las nuevas altas de internet -mil gracias a nuestra vecina Siobhan que nos dejó usar su señal sin hacer preguntas ni aceptar ninguna compensación-) y me prepararé para tener mi entrevista de casi dos horas por Zoom (... whatever happened to Skype?). He estado preparándome la entrevista en los últimos días pero el problema, el sofoco, me ha venido hoy cuando he investigado a fondo la empresa, sus valores, su "cultura", tal cual se me ha pedido. Mi diagnóstico es el siguiente: son unos ultras que me dan miedo.

No digo que la empresa sea una secta pero sí que aplican comportamientos sectarios a lo que proponen. Creo que se nos está yendo un poco de las manos lo de las "empresas modernas". Puede que lo que ofrecen esté bien (de hecho, lo que más me atrae de la empresa es un software que me tiene intrigado porque lo veo como algo objetivamente positivo, si no fantástico -por magnífico que no por increíble-), pero no puedo eliminar el extraño sabor que me ha dejado en la boca ver vídeos en su web y redes sociales en los que buena parte de sus empleados rinden culto a su empresa como si fueran los Ultra Sur o los del Frente Atleti. Puede que solo sean vídeos promocionales y que la realidad, una vez dentro, sea distinta. Pero también puede ser que realmente prediquen con el ejemplo y todos sus lemas, clips y entrecomillados de somos una empresa guay y tú eres guay y todos somos guay and we are in this together lo lleven tan a rajatabla que a los dos meses quiera saltar por el muro y no parar de correr.

Acudo pues a mi entrevista con la duda de si darlo todo o dejarme ir. No debo ni puedo olvidar lo extraordinariamente difícil que me resulta conseguir entrevistas de trabajo. Pero tampoco puedo olvidarme de toda la mierda que he visto. El acatamiento masivo de directrices, el seguimiento ciego de lemas vacíos, el borreguismo absoluto de lo que sea, aunque ese lo que sea esté pintadito de blanco, siempre me ha dado pánico. SATANIC PANIC.

Ya os contaré cómo va.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Nos hemos vuelto a mudar, otra vez; ahora en mitad de una pandemia

Le contaba hace poco a una amiga que Loida y yo nos mudamos cada 18 meses, somos como uno de esos monstruos de pelis de miedo que reaparecen cada diez años para asesinar y saciar su hambre hasta la siguiente década. Debe ser ya el cuarto o quinto piso en el que hemos vivido (juntos, por separado las cuentas se disparan). ¿Por qué nos mudamos tanto? ¿Es este continuo cambiar de vivienda un reflejo de nuestro despistado discurrir por la vida? ¿Es acaso la prueba de que no somos capaces de crear un hogar? Todas ellas preguntas válidas y necesarias. Sin embargo, en lugar de rebuscar en lo más profundo de mi alma la respuesta a todas estas cuestiones vitales, voy a centrarme en una mucho más inmediata; quizá menos profunda pero mucho más mainstream: ¿a dónde nos hemos mudado?

Hemos abandonado Dublin 12, Park West, la nada; por el centro de la ciudad. Volvemos al downtown, de donde nunca debimos salir. Ahora vivimos en Dublin 1 (los numeritos indican cuán cerca estás del centro; cuanto más se aleje tu número del uno, más autobuses y autogiros tendrás que coger para trasladarte) y yo, personalmente, estoy más feliz que una perdiz. Más feliz que un ave que no tiene la capacidad de razonar, así es. Nuestra zona, nuestro barrio, nuestro “Hood”, se llama IFSC, o sea, International Financial Services Centre. Incluso con un inglés básico, de Opening, podréis deducir que es la parte de la ciudad donde se concentran varias empresas dedicadas a “cosas financieras”. Bancos y cosas de esas. Facturas. Yo qué sé. El IFSC fue creado a posta en los 80 para revitalizar una parte de Dublín que estaba como unos zorros y, picoteando en su página web, parece ser que su importancia en la economía irlandesa es mayúsucula, así que ya le daré un buen repasito en un futuro post.

Nuestro nuevo casero se llama Des (le llamamos Desmondo), es un señor mayor, nervioso, en continuo zigzagueo, al que se le caen los bolis, que olvida y recuerda cosas con cada pestañeo… pero lo más importante de todo es que es UN SER HUMANO. Parece una persona buena o, por lo menos, una persona razonable. No una máquina recaudadora sino una persona con la que se puede hablar. Nos cambió el sofá como le pedimos y nos pintó el piso antes de hacer la gran mudanza. Sobre la campana y tras insistirle en que tras la gran mudanza kajuna no habría sitio para hacerlo, pero lo hizo. Estoy encantado con nuestro nuevo casero. Ahora tenemos, efectivamente, un casero. El anterior que teníamos (al que tengo pendiente enviarle una gran caca por correo certificado) era un ogro, un ser huraño y meramente notarial. Incómodo con todo lo que no fuera cobrar dinero. I’m sorry honey but being a landlord is a whole different thing.

Pero no hagamos leña del árbol recién caído, lo importante es la ola de positividad que ha traído esto a mi vida. Mudarse en Dublín, si eres una pareja y no te cede el piso un amigo, es casi imposible. Es una empresa dificilísima. Y por fin lo hemos hecho. No ha sido un cambio de piso en las mejores circunstancias, precisamente. Una mudanza, buscar reemplazo para tu alquiler y dar de alta y baja los contratos de luz, internet, etc no es lo más fácil del mundo en mitad del Coronavirus –por cierto, no hemos incumplido una sola norma de las impuestas por el gobierno local para contener la propagación del virus, las restricciones a salir de casa no se produjeron hasta unos días después de haber hecho nuestra mudanza… que adelantamos una semana precisamente para evitar quedarnos en el piso viejo con 40 cajas y nadie que nos ayudara a moverlas-. Pero a lo que iba, que nos hemos mudado. Ha sido posible. Es increíble, pero lo ha sido. Y si esto ha sido, ¿qué más puede ser? Espero que mucho. Y espero poder contarlo pronto.

Psssst, pssssst, muchacho, ¿¿pero cómo es el nuevo piso?? Me alegro de que me hagas esa pregunta…

Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...