Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones de una profundidad que da miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones de una profundidad que da miedo. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2022

Mi relación (sensual) con Tuítah

"Para mí, los emails no son sino otra forma de ser rechazado"; esto, más o menos, es lo que decía Steve Zahn en la maravillosa Tienes un e-mail (película protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan y realizada en 1816). Siempre me he sentido identificado con esta frase, pero aplicada a Twitter. Mi éxito personal, in the flesh, como ser humano(ide) en la sociedad, es exactamente el mismo que tengo en la red social del pajarito azul: ESCASO. Escassi (Álvaro Muñoz). Sin embargo, por muy poca repercusión que tengan mis tweets (que la tienen, muy poca, y mira que he puesto tuitazos como este); lo cierto es que no puedo desengancharme de este negociado. Cada día me inyecto Twitter en vena como los irlandeses se hacen un té; sin pensarlo, automáticamente, por osmosis (¿es osmosis o es ósmosis? Osmosis Jones). No hay suficiente desprecio hacia mis tweets en el mundo como para evitar que pase horas y horas revisando mi TL dale que dale, toma que toma. El problema es que sigo a demasiada gente interesante, que todo me parece fascinante, que trabajo pegado a un ordenador desde... 1816, cuando se hizo Tienes un e-mail. Las veces que he intentado "dejarlo" no he durado más que unos pocos meses, cuando me he desinstalado la app la he vuelto a bajar al rato, los intentos de "no tuitees nada, solo favea y retuitea" se han saldado con un rotundo fracaso... así que, tras mucha deliberación, he tirado de refranero (si no puedes con tu enemigo, únete a él) y he decidido unirme a Twitter en cuerpo y alma. Fundirme en uno con él. Integrarme en la red cual Johnny Depp en Trascendence. Mi aorta un uno, mi alma un cero. Respirar es retuitear. ¿Bombear sangre? Ser mencionado. Donaré mi cuerpo a un pájaro. Mientras esto ocurre (el proceso es ya inevitable), estoy explorando TikTok y empezando a crear vídeos o cosas con muchos iconos, corazones, luces y colores. Es un poco como Eurovisión en una red social. Rigoberta. Qué pena. Pero con Chanel a tope.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Dogman

Ha sido un año, cómo decirlo... lamentable, pero no quería acabar el año escribiendo sobre lo lamentable que ha sido (eso prefiero dejarlo para el año que viene, cuando el nuevo sea un poco menos lamentable y pueda así compensar la lamentabilidad de uno con el otro), sino sobre una de las cosas que más me gustan del mundo: leer revistas viejas. Loida se alarma cuando ve la fecha de las revistas que estoy leyendo la mayor parte del tiempo: febrero de 2016, marzo de 2019, quizá julio de 2014... me encanta leer viejos ejemplares de revistas, concretamente de revistas de cine; y, concretamente, de la (fallecida, snif) revista Imágenes, mi revista de cine o no de cine favorita de todos los tiempos. Hace poco me vi a mí mismo leyendo el ejemplar de noviembre de 2018 (no soy yo quien elige la revista, sino que es la revista quien me elije a mí) y gocé como un niño chico leyendo la crítica de Hilario J. Rodríguez de la película Dogman, que no he visto pero ahora quiero ver. Por algún motivo que desconozco (quizá para combatir el tedio de mi nuevo trabajo), me he propuesto transcribir toda la crítica, letra a letra (y respetando sus faltas de ortografía y/o redacción -¡ay, ese último párrafo!-), de las páginas de Imágenes a mi blog personal. ¡Sigo siendo un juntaletras! Escribir me gusta aún más que leer viejas revistas de cine... Uno es quién es... En fin, os invito a leer la crítica, que me parece fantástica. ¡Feliz salida y entrada de año, que este que empieza os traiga muy poca lamentabilidad!

Lo que distingue esta película del cine negro al uso es que en ella importa menos el cómo que el qué. Es decir, importa menos su retórica o su gramática que lo que podemos hallar bajo esa retórica o esa gramática. Sus imágenes no construyen Historia con mayúscula, tan solo narran su propia historia: humilde, irrespirable, terrible...

Si nos fijamos en El Padrino (1972, Francis Ford Coppola), que comenzó siendo una película para luego convertirse en una serie (cinematográfica, aunque también haya un montaje televisivo), nos damos cuenta de que en ella lo que de verdad importa no es tanto su contextualización o su conceptualización como su iconicidad, importa más su superficie que su substancia. Don Vito no es mafioso asesino, es Marlon Brando y Robert De Niro, dos de los mejores actores de la historia del cine, capaces de hacer que siempre (o casi siempre) nos gusten sus personajes, interpreten a quien interpreten, más allá del Bien y del Mal. Al Pacino, James Caan, Diane Keaton, Talia Shire & Co. otro tanto de lo mismo. No proyectan imágenes porque han acabado convirtiéndose en retratos para el forro de nuestras carpetas y para las grandes pinacotecas. Por eso es tan difícil sobrevivir a esas películas, especialmente a las dos primeras. Son el alimento perfecto para los mitómanos, que no las ven, las veneran. Algo así sucede con Los Soprano, donde James Galdonfini juega al mismo juego que Nicolas Cage en la mayoría de sus películas: a interpretar de manera desatada, como si el cine se pudiera extinguir con cada plano. Para entendernos, bastaría con preguntarnos de qué va una película de Dario Argento o Quentin Tarantino, y en seguida nos damos cuenta de que no va de misas negras, espeleología del Mal, el Holocausto, ni la Guerra de Secesión; va de Dario Argento y Quentin Tarantino (sin que eso signifique nada en su contra).

Dogman, sin embargo, no va de Matteo Garrone, que cada día me gusta más aunque su obra haya puesto el listón muy alto. Dogman no es El adversario de Emmanuel Carrere ni El asesino de Pedralbes (1978, Gonzalo Herralde), donde a dos asesinos confesos se los observa con una mirada hipnotizada pero no hipnótica, dejándolos desplegar su personalidad egocéntrica y su visión distorsionada del mundo, con esa fascinación malsana de quienes saben que tienen entre manos un buen producto para vender a las masas. No, en absoluto. Dogman no se parece en nada a los ejemplos dados, ni en la narrativo ni en lo visual. Su rollo es más científico, menos periodístico, un poco a la manera de Roberto Saviano y su celo por la precisión en las descripciones y por los análisis locales (por si tienen alcance mundial y a alguien le sirven), sin droga dura ni Shakespeare.

Dogman trata de periferias y responsabilidad. Trata de un pusilánime Marcello (Marcello Forte), al que no asustan ni los gran daneses ni los rottweilers, capaz de aguantar más hostias y humillaciones que un saco de boxeo, con cara él mismo de perro apaleado porque está divorciado y quiere mucho a su hija. Trata también de un burro con patas Simoncino (Edoardo Pesce), que va girando y amenazando y hostiando a quien se ponga por delante, y a quien te gustaría ver siendo torturado en Saw o en algún programa de guerra psicológica tipo Sálvame Deluxe, Operación Triunfo, MasterChef o Gran Hermano, que son los favoritos de la gente con visión y mentes periféricas. Verlos juntos o por separado resulta tan frustrante como observar una célula enloquecida a través de un microscopio. Uno puede preguntarse de dónde vienen y adónde van, pero en el fondo lo que quiere es que algo o alguien los borre de la faz de la Tierra. Las medias tintas no valen con ellos a no ser que nos pongamos a hablar de Ricardo III, Trump o el Fondo Monetario Internacional. Son las periferias, las mismas de Las horas del día (2003, Jaime Rosales) o la estremecedora novela Felices como asesinos. No están en Siria, ni describen a miembros de ISIS. Están aquí, a nuestro alrededor. Sin embargo, el mundo da la sensación de no ir con ellos, me refiero al mundo de la libertad, la igualdad y la confraternidad, ese mundo donde las mujeres luchan por hacerse oír y todos deseamos mejoras en el sistema educativo y en el sanitario. Y lo peor del caso es que no son anomalías, en algunas partes son de hecho la norma. Garrone no sé cómo los ve, los muestra -eso sí- con una mirada fría y desapasionada, sin violines, trompetas o travellings morales, en una versión de The Walking Dead que más que sustos da miedo, miedo de verdad. Su película nos entrega a los espectadores la capacidad de intervenir, no para decir las tonterías de aquel crítico en Caro Diario (1993, Nanni Moretti) al hablar sobre Henry, retrato de un asesino en serie (1986, John McNaughton), tan solo para pensar, después de haber visto -eso sí- un espectáculo desolador (y magnífico) sobre la monstruosidad social, la íntima y la pública, la que ladra y la que muerde.

No os hará mejores cinéfilos, ni tan siquiera mejores espectadores de cine, pero quizás os ayude a no observar la realidad de una manera menos pasiva.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Todos durmiendo a la vez

Fue como un suspiro, apenas un rafagazo, pero me dejó torcuato. Me refiero a un momento (mágico) del episodio de Sarah Jessica Parker en Comedians in Cars Getting Coffee (lo de las mayúsculas en los títulos americanos es un desvarío absoluto en el que algún tendré que poner algo de orden). La actriz, que es considerablemente campechana y extiende cheques de simpatía con la misma facilidad con la que compraba zapatos en Sexo en Nueva York (imagino, no sé), le soltó a Seinfeld una reflexión que pasó un poco sin pena ni gloria por los oídos del cómico pero que a mí aún me tiene dándole vueltas, encadenado a ese pensamiento como si hubiera salido de la cabeza de la intérprete con pegamento Imedio en su base. La Sarah se asombraba de que todo el mundo duerma al mismo tiempo en Nueva York; aunque entiendo que este pensamiento se puede hacer extensivo a cualquier otra gran metrópoli. A la actriz le parecía inconcebible que todos los habitantes de una  ciudad se colocaran en posición vertical con los ojos cerrados al mismo tiempo. "Imagina, Jerry", estoy parafraseando, "todos esos cuerpos tumbados a la vez, todos haciendo lo mismo pero cada uno en su casa".

Vale, puede que la reflexión no sea para tallarla a golpe de cincel en su lápida (y quiera Dios -Louis Vuitton- que eso pase dentro de muchísimos años), pero si te paras a pensarlo un segundo, la cosa tiene su miga: millones de personas haciendo planking al unísono, dejando la ciudad a su suerte. TODA UNA URBE EN PAUSA, INMOBILIZADA, EN UNA ESPECIE DE FLASHMOB MUDA Y MASIVA. Una crisálida compartida, un refugio comunal. El Kit-Kat democrático.

jueves, 6 de diciembre de 2018

5 anti-costumbres que deberíamos limpiar de nuestras calles

"La escoria inunda la ciudad... pero ha llegado EL BARRENDERO". Steven Seagal es The Cleaner. Esta película, que sin duda debería existir, sería la adaptación al cine del post que vas a leer. Un post en el que vuelco unas cuantas frustaciones -las vuelco con fuerza, además, como esa sopa que viertes en otro plato y siempre se te sale un poco de lo bravo que es el volcado- sobre la sociedad actual. Observo unos cuantos comportamientos repetidos de forma obsesiva por la gente, una especie de costumbres asquerosas o anti-costumbres que no se van ni con Mistol, ¡ni con Fairy, que es un líquido para fregar platos con NOMBRE DE HADA, ojo a la fuerza de este producto!

1) Dar pataditas en el cine: No en plan Jackie Chan, un tipo que de repente se levanta y torna en molinillo, ahí venga a repartir patadas voladoras como si no costara, no; me refiero a esa amable gente que le da pataditas a tu asiento durante toda la peli. Si te estás cambiando de posición y me das sin querer, ok, no problem, sigue con tu vida, colócate bien el escroto; pero si me das tres y cuatro y cinco veces vamos a tener un problema. ¡¿Pero cuál es el extraño placer que experimenta un ser humano golpeando el asiento de delante?! Sabes que no es una pared, ¿verdad? Que delante hay un cuerpo humano. Esto debería ser como la línea discontinua en la carretera, puedes tocarla, pero mejor que no. Si no eres un hombre zancudo o Fernando Romay o un casteller buscando impulso, remove yourself from this disgusting activity. CASTIGO PROPUESTO: Sumergir sus dos piernas en agua hirviendo hasta que la carne se deshaga y que una familia zulú se de el banquete del siglo… todo esto filmado y proyectado en el cine en plan “cinema verité” mientras yo le doy patadas al asiento de delante, que es donde está sentada la madre del tipo que perdió ambas piernas en una cazuelita indígena y sensacional.

2) Llegar tarde a los sitios: Uy, es que había mucho trafico, me he liado, estoy en 10 minutos (mensaje que te llega tres minutos después de la hora a la que HABÍAIS QUEDADO)… escucha, amigo, has llegado tarde porque la palabra que das tiene tanto valor como un euro de madera. No es la primera vez que lo haces porque eres un impuntual y no puedo soportar tu cara. ¿No entiendes que yo he llegado entre 5 y 10 minutos antes porque quería estar a la hora señalada con Johnny Depp? ¿No sabes que los modales son la forma de demostrar nuestro respeto hacia los demás? ¡¡Arrancaré tu cabellera como un indio!! CASTIGO PROPUESTO: Pro-puesto que no es la primera vez que llegas tarde sino que esto es práctica habitual en tu vida, introduciremos en tu estómago un reloj de cuco programado para sonar a la hora a la que tengas una cita. Ojo, que como no estés antes de la hora, el reloj sonará y un cuco irrumpirá como un alien destrozando tu cuerpo desde dentro. Oh, cuco, oh grandioso, tú nos liberarás.

3) No saludar a tus vecinos pero ni de canto: Los vecinos son lo más cerca del infierno que existe en la Tierra, esto es así. ¿Qué clase de gente pone la música a esas horas, da esos golpes innecesarios y, en general, molestan tanto por el simple hecho de existir? ¡Tostarica Los vecinos, nadie más! Yo comulgo: son despreciables y el contacto físico o visual con ellos debe evitarse a toda costa. Pero hay situaciones en la vida, hay bretes, en los que no te queda otra que saludar (o con un “hola” o con un sutil levantamiento de cejas y ligero arqueo de labios, dejando nacer una sonrisa que jamás remataras). Es decir, si coincides con tu vecina del quinto saliendo por la puerta y en el pasillo se acortan tanto las distancias que esto podría dar para una balada de uno de esos Chicos Pablos, tienes que saludar. Se llama educación, o comportamiento humano a secas, simplemente te pido que RECONOZCAS que hay un ser vivo, ni un espectro ni un holograma, a pocos centímetros de ti; “hola”, “buenos días”, “qué tal”… hay varias fórmulas para salir del aprieto. Una fórmula que no funciona, sin embargo, es la de cerrar el pico y evitar mirarme como si hubieras salido del piloto de Millennium y un asesino milenarista te hubiera cosido los labios y los párpados. Dime, ¿qué asesino en serie te maniató? ¿Qué puma te asaltó y desgarró tu lengua? ¡Solo di hola, por favor! CASTIGO PROPUESTO: Una intervention como la de los alcohólicos pero en vez de tener a amigos convenciéndote de que tienes un problema, es un grupo de monos con navajas. El dueño del zoo nos dijo que si les hablas se ponen nerviosos y empiezan a cortar como auténticos zumbados. Tienes que decirles “hola, qué tal”. A todos ellos. Pero gritándoles a su cara, a un centímetro, como si estuvieras en ese pasillo en el que me evitaste tantas veces. ¡¡Grítale al mono que Mr. Macaco tiene un regalo para ti!!

4) Apoyar tus pies sobre el asiento de delante: Esto también ocurre en el cine y no sé si me pone más o menos enfermo que las cinema kicks. En este caso tenemos, generalmente, a personitas de 35 años para abajo que, quizá porque ya tengan reuma porque en realidad son viejas señoras de pueblo con achaques, deciden que lo mejor es reposar las piernas sobre el asiento de delante, total, como no hay nadie sentado y necesito activar la circulación… Muy bien, payaso, pero ¿sabes que al lado de ese asiento vacío HAY GENTE? Esas cabezas de la izquierda y la derecha, ¡no son de goma, son señores! Gente que puede sentir el traqueteo de tus reposados, que puede ver una zapatilla a escasos centímetros de su cara cuando quiere mirar A LA PANTALLA, que puede oler ese dulce aroma que emana de tu calzado… ¿Qué te hace creer que tu entrada es para un “asiento exclusivo con reposa-piernas, solamente para ti en todo el cine porque eres especial”? ¡Golpearé tus talones con una maza hasta el chasquido! CASTIGO PROPUESTO: Retarle a que pose sus cansaditas piernas sobre dos caimanes del Trópico que no hayan comido en una semana. Esto mientras se proyecta Cocodrilo Dundee.

Antes de la quinta, un mensaje de uno de nuestros patrocinadores... ¡yo mismo! Apúntate a mi notita semanal para lucir más joven ante el espejo, en serio, funciona (bueno, también puede que DEJES de reflejarte ante el espejo porque meto ahí unas quejas de señor viejo que te convertirás automáticamente en vampiro, condenado a vagar por la eternidad llevando túnicas, bebiendo líquidos misteriosos en copas recargadas -¿es vino, es sangre... estás jugando con mi cabeza!- y yendo al instituto a buscar a tu alma gemela, que oye, tampoco está tan mal).




powered by TinyLetter

5) No comprometerse a cosas: Lo vamos viendo, ya te digo, si eso te aviso, no sé cómo lo tengo… Oiga, ¡que se comprometa a cosas! ¿Quieres quedar mañana para comer un mantecado a las 12 del mediodía, LA HORA DEL MANTECADO? ¡O sí o no! Puede que lo que “tienes que ver” es pensar si realmente quieres hacer una actividad conmigo... pero recuerda que si tengo acceso a ti para proponerte actividades es que ha habido un acuerdo tácito de amistad previo. ¡Tú me diste acceso! ¡¿Ahora qué mangoneo es este de “si pero no, no sabe no contesta”?! Podría pasar algo más grave: no es que no quieras hacer mantecaditos conmigo (una experiencia gozosa, ¡GOZOSA!) sino que quieres dejarte LAS OPCIONES ABIERTAS por si cinco minutos antes de la gran mantecada te llama Manolito y te propone un plan mejor… ¡ah, pájaro, que te hemos cazado! En ese caso me despacharáas con un WhatsApp tipo “al final no puedo, me ha surgido una cosa”… CASTIGO PROPUESTO: Ya que eres un adventurer al que le gusta esperar hasta el último minuto con tal de darme esquinazo por CUALQUIER OTRO PLAN/ANYTHING AT ALL, el castigo ideal sería invitarte a dormir en un gran dormitorio donde una cama alberga serpientes, la otra es donde se tumban los faquires y en la otra hay un oso grizzly al que le habremos inyectado una dosis de adrenalina. ¡Elige ahora, muchacho, múltiples opciones, como te gusta!

En la cama nº4 te espera este tipo

domingo, 21 de octubre de 2018

Enseñar es fácil si sabes cómo (y ellos no sabían cómo)

De todo lo que se puede extraer de esta entrevista (que es mucho), me quedo con algo que no es el magro de la misma: eso de que, para algunos profesores, dar una clase consiste en cerrar la puerta y empezar a hablar hasta que suena el timbre (“Salvados por el timbre” nunca hubiera sonado igual de bien… pero son timbres). Dice David Marsh, un experto en bilingüismo que ha intentado impulsar la educación bilingüe en España (good luck with that), que muchos profesores encaran lo de enseñar en inglés igual que en castellano, o sea, monólogo de tres cuartos de hora y a la siguiente clase. No sé vosotros, pero a mí esto del profesor marcándose un speech sin fin me recuerda a una clase que tuve yo en el colegio… a ver cómo se llamaba… espera que me viene… ah, sí, TODAS LAS CLASES DE LA HISTORIA EVER.

Mi padre es profesor (o era, se ha jubilado hace poco) y siempre he tenido un contacto directo con esta profesión. Contrariamente a la leyenda popular (tienen tres meses de vacaciones y apenas trabajan), no recuerdo un solo fin de semana en el que mi padre no tuviera pilas de trabajos/exámenes en la mesa del salón (no tenia despacho propio) y no se pasara las mañanas y parte de las tardes DE SUS SÁBADOS Y SUS DOMINGOS corrigiendo como un cosaco. Mi padre lo daba todo. Se curraba las clases, sacaba diapositivas (cuando se hacían esas cosas), se compró un micrófono pagado de su bolsillo para llegar mejor a los alumnos y forzar menos la voz (recuerdo las gárgaras que hacía a veces en la cocina para aclarar la garganta), seleccionaba clips de películas relevantes para el tema que estuviera dando, redactaba sus propios apuntes que entregaba a los alumnos, los llevaba al Congreso de los diputados, a bibliotecas y museos… vamos, que mi padre no era de los del “monólogo y a positivar”. Siempre he despreciado a todos esos profesores que se limitan a enunciar en alto conocimientos. Y ya. ¡Ojalá alguno, también, promoviendo el debate y el pensamiento crítico! En el colegio me fue de pena. Obviamente, por culpa mía. Pero no puedo decir que los profesores me motivaran especialmente, tan solo recuerdo a un par que me dejaron algo (la vez que toda la clase cantamos juntos The River of Dreams de Billy Joel en clase de inglés es uno de esos momentos que nunca se me borrarán de la mente). Hay muchos profesores que saben muchas cosas pero no saben contarlas, no saben llevar a un grupo, no saben estimular más pensamiento que el de "que se acabe esto cuanto antes". Yo creo que un profesor, además de saber muchas cosas, debería inspirar. En fin, que me parece a mí que es mucho pedirle al profesor español que altere su monólogo; si no lo hacía en español, ¡cómo lo va a hacer en inglés!

No quiero terminar sin rescatar un par de respuestas que me han fascinado de David Marsh, en las que deja claro que un nuevo método de enseñanza es posible:
P. Hay familias que pueden temer que sus hijos sean parte de un experimento. Poner el énfasis en el aprendizaje de un nuevo idioma en detrimento de asignaturas como historia y matemáticas. ¿Es una buena idea dar esas asignaturas en inglés?
R. Podrían estar en lo cierto y que sus hijos estén perdiendo el tiempo. Si la metodología que usa el centro replica la enseñanza en castellano en lugar de enfocarla en torno al razonamiento en inglés, tienen un problema. El profesor plantea preguntas estúpidas, como qué haría el alumno si le tocara la lotería. Si preguntamos cosas artificiales, nos quedamos en un aprendizaje superficial. En cambio, si les planteas cuál es la diferencia entre un héroe y un famoso, no le estás forzando a construir un argumento en inglés. Ahí conectas con su emoción, ese es el poder de CLIL.
Y esta otra:
P. Si el aprendizaje efectivo de nuevos idiomas está tan relacionado con la innovación educativa y la renovación de los métodos, ¿tiene sentido ponerlo en marcha en centros públicos que todavía no se han transformado?
R. No tenemos tiempo. Un sistema educativo necesita 20 o 30 años para evolucionar. Nuestro mundo cambia tan rápido que no podemos esperar a que la escuela se adapte. Otra cuestión es cómo repercute la innovación en el posicionamiento internacional de las escuelas. Finlandia ha perdido su posición en PISA - la prueba internacional sobre educación más reconocida del mundo elaborada por la OCDE-. Solía estar en el top mundial en diferentes rankings, pero apostó por enseñar a pensar y bajó. Hay algunos países que están haciendo trampa, dejan fuera de las mediciones las zonas rurales para puntuar más alto. En Finlandia hemos apostado por el llamado aprendizaje por fenómenos, un tema que cruza varias asignaturas y a la vez usa el inglés. Por ejemplo, el embarazo no deseado en las jóvenes, se estudia en la asignatura de economía y desde la perspectiva de políticas sanitarias. 
 

viernes, 19 de octubre de 2018

This is all going too fast

Una de las cosas que más echo de menos de cuando era pequeño era la lentitud del tiempo. El tiempo se tomaba su tiempo. Para pasar. Volvamos atrás en el tiempo, a las vacaciones del colegio, ¿no duraban aquellos tres meses como... no sé, seis? Los años eran largos, las vivencias estaban bien distribuiditas, esparcidas como cuando te queda poca mantequilla, cubriendo bien todos los bordes. A medida que cumples años (y, en mi caso, cumplo más que ningún ser humano), el tiempo se comprime, ¡antes eran ficheros PDF que tardaban en cargar y ahora son archivos zip! ¡Todo viene empaquetado y de golpe! ¿Dónde quedó el esparcimiento, las largas explanadas sin sucesos, los meses eternos sin demasiada actividad más allá de planear un futuro glorioso (que nunca llegaría)? Me hago muy mayor, me decrepito a pasos agigantados, me hago mayor a pasos de André El Gigante. El tiempo pasa rapidísimo, me planteo las cosas en fajitas de meses. ¡¿Te puedes creer que ya han pasado dos años desde XXXXX?! Los días se suceden como una marabunta, los meses irrumpen como el rinoceronte de Jumanji. Yo necesitaría un time out de Zack Morris, necesito hablar a cámara. Un momentito, por favor.

viernes, 23 de febrero de 2018

Ficción: The Reality

De un tiempo a esta parte (que expresión mas enrevesada, no? “esta parte”, que parte? Esta parte “del tiempo”? quien divide el tiempo en partes? En cachos, como si fuera un queso, unos taquitos) hay una idea que me obsesiona: la de los personajes de ficción con vida propia. Como puse en uno de mis tweets de cero corazones y cero retweets (como se dice cuando un pájaro se queda afónico?), imaginad que un dia descubris que sois padres, pero el padre de un ser de ficción. El padre biológico. Las pruebas demuestran que tu eres el padre de Edward Cullen, el vampiro high-schooler de Crepusculo, o que eres el padre de Atticus Finch de Matar a un ruiseñor, o que eres el padre de Maggie de Los Simpson. No me preguntéis como seria posible, solo imaginad el drama: jamas podrias abrazar a tu hijo porque el pertenece a la ficción mientras que tu a la realidad. Podrias ver sus películas o leer las novelas en las que aparece pero olvídate del contacto físico, de poder aconsejarle sobre la vida o de obligarle a poner la mesa y fregar los platos. No es que os separen océanos de tiempo como a Dracula y Winona, no, es que os separa el plano propio de la realidad. Los muros que separan la realidad de la ficción son infraqueables y por mucho que intentaras hacer un Kim Bassinger en Cool World, es decir, mutar en cartoon para introducirte en la ficción, al menos un tipo de ficción, lo cierto es que ese movimiento pertenece en realidad a la ficción y tu estas atrapado en la realidad. 

Yo creo que este debería ser el siguiente paso evolutivo en el que deberíamos concentrar todos nuestros esfuerzos, pasar de persona a personaje. O, al menos, y puesto que los muros son infranqueables, deberían hacer una película sobre esto. Has parido a un ser de ficción y ahora no hay forma de encontrarse con el. Es una mezcla de Frequency, Quien engano a Roger Rabbit y esa peli en la que Robin Wright se convierte en dibujo animado. A lo mejor hay que anadir también unas gotas de Abre los ojos. Y el soundtrack de Vanilla Sky porque ya que vamos a hacer esto, hagamoslo con estilo, que diría el otro. Vale que ya están taladrando el muro que separa nuestros mundos, a las pruebas me remito, pero aún queda mucho que andar.

Pero no es esto de lo que quería hablar, no. Gracias por hacernos perder un párrafo de nuestra vida y sin comas ni tildes escrito en tu trabajo, Juan. De nada. De lo que quería hablar en realidad es de esta idea que me tiene loco: un personaje de ficción aparcado en un rincón. Un cuerpo inerte, apagado, a la espera de cobrar vida cuando el actor que lo interpreta piensa en el o ensaya diálogos para una escena o investiga para el personaje. Imagino un guiñapo sentado en un taburete, a la espera de que alguien venga (du dueño, el actor o actriz) y lo llene de vida. Es un pensamiento que me inquieta, personajes de ficción totalmente parados, a la espera, absolutamente on hold hasta que llegue su hora semanal de serie, la hora en la que cobran vida. Una serie sobre eso, sobre personajes de ficción que se encienden y se apagan. Eh, hemos hecho películas sobre muñecos que cobran vida cuando el niño no esta en la habitación, yo creo que podemos darle chance a mi idea. Ultimamente me he enviciado seriamente a Bloodline, una serie maravillosa, e imagino a Danny Rayburn, el personaje interpretado por Ben Mendelshon, esperando en una silla, inerte, desprovisto de vida, pendiente de que Ben Mendelshon “se lo ponga” y el pueda disfrutar de vida. Ay, madre. Todo esto es mi trabajo. Que me hace apagar el cerebro ocho horas al dia y cuando lo enciendo tengo ahí stuff acumulado y salen estas cosas.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La vejentud era esto

Esta noche tengo que aplicarme una pomada, echarme un spray y ponerme un aparato en la boca para mi bruxismo (la mantita de chicles masticados se quedó en proyecto...). Hoy, después del desayuno, me tomé un pastillita. Y esta mañana, en movimiento absolutamente viejo, me resbalé al salir de la ducha. Fue el trompazo de todos los tiempos; el de una masa vieja, ya caduca, (de)cayendo.

La vejentud, que es como se dice a vejez en Cuba, El Salvador y Uruguay (y parece que también en Moratalaz), era esto. La vejentud no era que te llamen señor unos niños en la calle, no era que todo lo que te ha gustado en tu presente, en tu current timeline, sea de repente nostalgia. La vejentud es reservar en cada viaje que haces un hueco de la maleta para tus pastillas. Ay...

Dolor.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Olor a mujer

Hoy me he subido a un avión. No por encima, he entrado dentro. Un chavalín que no llegaría a los 15 años se ha sentado en el asiento de la ventanilla (¿por qué no "ventanita"?, insisto) y ha exclamado nada más sentarse: "¡Qué asco, huele a mujer!". No supe ubicar este pensamiento, este sentir. ¡¿Qué clase de sentido arácnido le ha dicho a este muchacho que, en el vuelo anterior, el ocupante de su asiento era una mujer y qué clase de olor emanó esta que la identificó inequívocamente como una mujer?! ¿Qué hocico porta este teenager? ¿Qué special abilities esconde?

¿Sería que este chaval, en realidad, era Air Bud, el perro aquel que metía canastas?

lunes, 18 de septiembre de 2017

Mi tarjeta de reo

En Dublín se produce un fenómeno curioso: el de la gente con tarjetas de sus trabajos colgadas del cuello. Yo también tengo una, pero no la llevo colgada del cuello. No quiero sentirme perro con cadena. En todo caso, quiero sentirme perro con capa. ¡Quiero ser Krypto, no Krypto encadenado trabajando para Darkseid! Ahora que lo pienso... una variación de Django Desencadenado pero con un perro absolutamente unleashed, un perro reemplazando a Keanu Reeves como nuevo John Wick, cabreado porque han matado a su dueño... yo este proyecto lo financiaría hoy mismo...

... pero volvamos al tema del post (me cuesta tanto centrarme en los temas que yo mismo propongo). Que la gente, qataríes, italianos, brasileños, irlandeses y españoles caminamos caminan por las calles de la ciudad con su tarjetita acreditativa al cuello en plan "trabajo para una corporación/he sido absorbido por una corporación". A ver, que la tarjeta tiene su utilidad, ¿eh? No la llevan "para fardar", es una tarjeta que te sueles colgar del cuello porque la necesitas para abrir cualquier puerta de tu empresa. Teniéndola al cuello nunca te la olvides y está siempre a mano. Por ejemplo, si sales a hacer caca, tarjetita y marcar tu clave personal en la puerta; si vuelves de la gran cacada, tarjetita y clave; si quieres ir a la cantina (cafetería de las corporaciones), tarjetita y clave; si quieres salir a los alrededores a que te de el fresco en la cara para evitar las ganas de vomitar, tarjetita y clave... básicamente, es como estar en una cárcel de máxima seguridad donde cada compuerta debe ser abierta con una llave especial.

La comparación de las puertas de mi trabajo con las de una cárcel no es gratuita, claro, pero ahora no quiero hablar de mis sentimientos.

Únicamente quería decir que llevando el cordel todo el día del cuello, incluso fuera de la oficina, parece como si la corporación para la que trabajas te poseyera. Y esa, amigos, es la posesión chunga de verdad. Sorry, Belcebú.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Las modas, los odios; Kristen Stewart


Lo de las cosas que se ponen de moda es complicado. Ahora está mal visto declararse fan de Denis Villeneuve o Christopher Nolan porque ya son mainstream; sin embargo, ahora está bien visto pronunciarse seguidor de Kristen Stewart porque ya no hace Crepúsculos sino cosas indies respetables. Yo la amé en todos sus productos comerciales, soportando aquellos ingeniosos comentarios sobre su pelo o "¡¿pero cómo va a ser más guapa que Charlize Theron?! ¡Subjetivamente creo que no y por lo tanto la película es ridícula!", así que me perdonaréis si me pongo una medallita y afirmo orgulloso que, además de una cara bonita, parece confirmarse que es actriz (aprovecho ahora que en breve hará alguna comercial y volverá la olita del odio buena).

Viene todo esto a cuenta del mazacote de comentarios negativos que ha tenido que soportar la muchacha, tanto de gente anónima como de gente a-sínima (gente que sí se identifica, que es no-nónima, o sea, que es a-SÍnima -estudiemos esta palabra, yo la veo fuerte y con ganas de quedarse-). Si a Marty McFly se le borraba el cuerpo de la foto porque estaba torciendo su futuro, a Kristen se le habrá abollado el careto del DNI de tantos palos de la crítica. Rescato aquí un trocito de un texto salvaje contra la chica. Me maravilla lo bien que está escrito, francamente. Si vas a rajar de una película o actriz, al menos cúrrate el texto (no puedo atribuir el autor porque leo tantas cosas y me cortapego tantas otras en documentos de Word que me es sencillamente imposible):

Stewart demonstrates that as an actress, she's a pretty interesting installation art, a sucking hole and a blank projector screen at the same time--the Edie Sedgwick of Poor Little Rich Girl and Beauty #2, who might have had something going on somewhere in there, but mostly just stood around looking pretty like, say, a soup can, or a banana. I confess that whatever wavelength Stewart's appeal operates on is a pitch I can't hear, though I have complete confidence that her pale, buck-toothed, gape-mouthed Culkin vapidity is doing what it's supposed to in Snow White and the Huntsman. I'd like to think that Stewart is an active participant in her exploitation as the world's palest Rorschach blot, but I suspect she doesn't know that she's the heroine in romance-novel cover art: Doomed to be replaced by the reader's face in her mind, held in some brawny embrace.

PD. ¿Soy yo o "la olita del odio" es un título guay para algo?

domingo, 6 de agosto de 2017

Psychosis

"Allí es donde pasa todo el tocomocho"

Ayer volví a ver Psicosis, que en inglés no se llama Psicosis sino Psicópata (Psycho). Por una vez, y sin que sirva de precedente (o sí, no sé, ¿por qué este latiguillo osa predecir el futuro?), tengo que aplaudir cómo tradujeron el título al español. ¿No es Psicópata un título un poco, cómo decirlo... revelador? "Ah, que va de un psicópata... ¡ya está, el loco ese del motel!". Ves entrar en escena a Norman Bates y ya te queda claro. Pero si la llamas Psicosis como que lo dejas un poco más en el aire...

Pero no venía a aquí a debatir la idoneidad del título de la peli, sino a contaros lo divertido que sería tener conocimientos de Photoshop (del paquete Office, yo solo el Word y el Bloc de notas) y diseñar carteles de películas con la traducción al inglés del título que le dimos en España a la peli. Me explico: 
  • Tiburón (Jaws en el original) sería Shark
  • Dos tontos muy tontos (Dumb and Dumber en el original) sería 2 Really Dumb Guys
  • La jungla de cristal (Die Hard en el original) sería Glass Jungle
  • La guerra de las galaxias (Star Wars en el original) sería War of the Galaxies
  • Cazafantasmas (Ghostbusters en el original) sería Ghosthunters
... Y así siguiendo. He encontrado un post muy chulo donde intentan explicar algunas de las razones por las que en España doblamos títulos con tanta alegría, pero no he encontrado nada de pósters con títulos españoles traducidos al inglés. Pero tiene que existir, ¿no? Como lo del Dinosaurio-vampiro...

jueves, 20 de julio de 2017

Salgo a correr con miedo

Esto no es material de jiji, jaja. Esto es serio.

En serio.

Últimamente, salgo a correr con miedo. Dos de las tres últimas veces que he salido a correr he sido perseguido por una gaviota. No sé si es la misma, que me odia y me localiza por un GPS especial para gaviotas al que la raza humana es totalmente ajena, pero la persecución está ahí. Y, mi miedo, aquí. En mis entrañas.

Es pánico total. Os cuento cómo va: yo voy corriendo por Dublín, a lo mío, por las calles normales, sin meterme con nadie, escuchando mis podcasts (si me siento especialmente vigoroso, me pongo música, pero en mi "modo viejo" voy escuchando podcasts). De repente, oigo como un bramido, un gemido gutural y pajaril. Me giro. Es una gaviota TRAZANDO DIAGONALES a mi espalda. Va posándose de farola en farola, o tejado en tejado, y precipitándose tras de mí haciendo vuelos en caída diagonales, como si fuera un kaza japonés o una maldita ave psicópata.

¿Besará una foto de su amante ("Love, Susie") antes de iniciar sus vuelos kamikazes contra mí?

¿Por qué SOLO me persigue a mí por las calles y no al resto de personas con las que me cruzo cuando corro?

Esto es serio. ¿Es posible que una gaviota ataque a un hombre solo porque sí? ¿Puede el animal, finalmente, hacerse con el control?

Son las 8:58 de la mañana en Dublín. Hace sol. Voy a salir a correr.

Tengo miedo.

domingo, 9 de julio de 2017

La obsolescencia de las cosas. Y de los señores.

Hace unos cuántos años vi en RTVE un documental sobre la "obsolescencia programada" (reportaje que recuerdo estupendo y que podéis ver en la no menos estupenda web de "la tele de todos"); si no queréis invertir hora y cuarto de vuestra vida en él, ya os lo cuento yo: va de cómo los que cortan el bacalao programan todos los electrodomésticos para que se estropeen pasado un tiempo determinado y así tener que comprar uno nuevo. Desde el punto de vista del comprador no tiene sentido que hagan a posta una cosa que se va a romper, pero desde el punto de vista de los que venden los cacharros es lo más entendible del mundo: si te venden una bombilla que no dejará de funcionar NUNCA, ¿para qué vas a volver a su tienda de bombillas, Bombillas O'Farrell? (Vivo en Dublín y Bombillas O'Farrell me ha sonado bien).

Todo esto viene a cuenta de un pensamiento, de una sensación (de vivir) que he tenido hoy mientras Loida y yo dedicábamos el domingo de asueto a eso, al asueto (pasear, comer helados, esquivar gaviotas) y a ver pijaditas en tiendas varias. Una era de "cosas para el hogar" y he pensado que qué pena que compres lo que compres, la copa para el cóctel, la tabla de madera para servir los quesos o el rebanador de cuellos humanos de invitados plastas... nada quedará tan bien como en la tienda. Nada lucirá tan bonito y habrá alcanzado su prime tanto como en la tienda. Un objeto ha tocado su techo cuanto está expuesto en la tienda, es su noche de San Juan, su día más pleno de luz. Una vez lo compran y sale de la tienda, sus días comienzan a acortarse. Nunca quedan tan bien como en la foto. Se rayan, se manchan, se rompen. Se ponen feos. Y viejos. Y se convierten en clutter. Y hay que empezar desde el principio.

Esto me está ocurriendo también a mí, que me estoy convirtiendo en clutter. Ojeras, dolores de espalda tremendos, sueño permanente desde que me levanto, pesadez suma. Solo espero, deseo, que no haya llegado ya mi prime, quiero creer que aún no he sido expuesto en la tienda. No puede ser.

jueves, 13 de abril de 2017

Pros y contras


¿Realmente la gente toma decisiones haciendo una lista de pros y contras? Hoy, ante una decisión que tengo que tomar (laboral, importante) me he puesto a hacer una lista (mental) con una columna a la izquierda con los pros y otra a la derecha con los contras... He resuelto rápido, puesto que uno solo de los contras ya tiene más peso que ocho u ochenta pros. Yo, cuando tengo que tomar una decisión, acabo apostando por "creo que esto es lo que tengo que hacer", sin matemáticas ("ah, me salen siete pros y cuatro contras, decidido"), sin ninguna ciencia en concreto.

Obviamente, he tomado decisiones horribles en mi vida... pero sigo apostando por el "me quedo con esto porque es lo que ahora mismo me pide mi cuerpo español". ¿Cómo lo hace la gente?

miércoles, 22 de febrero de 2017

Encuentra las siete diferencias (o, al menos, las suntanciales)

Hace poco estuve en Barcelona, una ciudad que amo casi tanto como a Gemma Arterton o Amy Adams. Si, podríamos llamarlo acoso. Junto con Roma o Londres, es una ciudad a la que me mudaría en un abrir y cerrar de ojos (¿no debería decirse “en un cerrar de ojos”, a secas? El ojo ya está abierto from the beginning…). La cuestión es que el cambio con Dublín se nota desde que pones un pie en el suelo. No solo el sol y la comida y la arquitectura y blablablá.

Me refiero a pasear por las calles sin que te azote el viento en la cara (en serio, el viento aquí no va por rachas, va por latigazos). A darse un garbeíto de noche sin que la oscuridad sea de película de terror o; el frío, polar. A no tener que esquivar borrachos en cada esquina. A poder tomarte algo en una terraza a las ocho de la tarde porque la ciudad no ha chapado a las cinco. O poder comprar algo en una tienda por el mismo motivo. Son cosas sencillas que, en la ciudad donde vivo, son impensables.

Por mucho que uno se haga a otra forma de vida, hay cosas que sigues añorando y que te siguen doliendo. Es un goteo lento e incesante. Ese grifo no se puede cerrar, chavales. No digo que sea ni mejor ni pe—ES MIL VECES PEOR.

Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...