He aquí las tres cosas que hago todos los días de mi vida desde hace ya tantos meses que ni me acuerdo (tampoco me queda mucho de esto así que no lloréis, que me voy a casar con ella):
1/ Me apunto a saco a todo lo que veo: Infojobs, Indeed, LinkedIn, esa es la Santa Trinidad de los sitios donde busco trabajo. Quizá debería buscar en otros sitios porque… eeeeem, bueno, no estoy encontrando gran cosa, pero cuando he probado otros sitios me han parecido peores o directamente webs de refritos de cosas a las que ya me apuntado previamente (por cierto, LinkedIn, ya vale de iluminar la campanita para todas esas cosas de las que me quieres avisar y que a mí ME LA SUDAN MUCHÍSIMO, y vale ya de ofertarme el LinkedIn Premium, no voy a pagar por conseguir curro, creo que me iría exactamente igual de mal con el añadido de palmar pasta, paso del periodo de prueba gratuito, I just don’t care)
Mi día a día
2/ Transito: Cual ánima atrapada en casa encantada, me mezo en las horas del día a la espera de que alguien resuelva el misterio de mi muerte. Mi haunted house son las manecillas del reloj, deseo que se muevan rápido hasta que cae la noche y puedo ver algo en la tele con Loida and call it a day. Es decir, una vez me he apuntado a todas las ofertas que se acercan (de refilón, mayormente) a lo que estoy buscando… no hay mucho más que hacer, ¿verdad?
Es decir, puedo iniciar YET ANOTHER PROYECTO PERSONAL, pero como haga otra carta de motivación, email con presentación de ideas, guión, maqueta de sección para programa, podcast o caja de cereales que va a acabar en YET ANOTHER CUBO DE BASURA voy a llegar al máximo para un ser humano. Me rindo. Y como no se espera nada de mí desde eso de las 11:30 de la mañana ni yo espero nada del mundo (lo último que espero llegados a este punto es una llamada de teléfono de alguien que quiera no ya contratarme, sino al menos entrevistarme para un puesto) pues eso, a transitar. A llenar las horas, campeón.
3/ Mando mi CV como loco a una dirección que me pasan los contactos: Cuando algún amigo me pasa un email al dulce soniquete de “mándale tu CV, le he hablado de ti” me vengo arribísima y envío un CV, una prueba y lo que haga falta. Cuando pasan los días y no obtengo respuesta volvemos al punto número 1. Después al 2. Y luego otra vez a este punto 3. Y así en bucle desde forever. Pero ya me queda poco. Me da mucha rabia no solo que nada llegue a buen puerto, sino que encima de que mis amiguitos se lo han currado para hablarle de mí a X, luego no podamos sacarle partido a ese trabajo de campo. Está claro que algo estoy haciendo mal.
Y en breve voy a dejar de darme cabezazos contra la pared.
La vida sigue, chico. Quizá de una forma que no querías.
Hace poco tuve el placer de asistir al primer cinefórum de los (siempre excitantes) Cines Embajadores. Esto, que no es más que “reunirse para comentar una película después de verla”, me dejó posito. Lo que no era sino una apuesta a ciegas (en Madrid, a diferencia de Dublín o, al menos, la Dublín que yo vivía, es casi inevitable jugártela a loqueseacultural y seguramente aciertes, de tantas cosas que hay) se convirtió en una experiencia a la que le saqué bastante miga. Voy a intentar “desmigarla” (eeeeeemmm… no soy Pablo Neruda, pero creo que esto ha estado bastante bien) en tres epígrafes, que es una palabra que exite:
Mi biopic se llamará “LinkedIn contra Juan Rodríguez” (spoiler: LinkedIn gana)
1/ La película es more than meets de eye(como la canción de los Transformers): Saint Omer. El pueblo contra Laurence Coly es la historia de Laurence, una chica acusada de haber matado a su hija de 15 meses. La novelista Rama asiste al juicio para inspirarse para su próximo libro. A ver, esta es la sinopsis de la película… y la película, tal cual. No hay mucho más. De hecho, hay planos larguísimos, eternos, interminables en los que tan solo vemos a la acusada declarar (y en tono de persona normal, no crazy como en las películas) y a los abogados preguntar. Los primeros 15-20 minutos me estaban pareciendo letales… ¿¿Va a ser así toda la película??, me preguntaba, más nervioso que una zarigüeya en celo. Resulta que no. Que la cosa se desentumece, la narración se relaja (just a little) y uno empieza a recibir más cosas de una película dura, seca y áspera como ella sola. Sin embargo, acaba, se encienden las luces… y yo seguía bastante torcuato. Sí, vale, bien, pero… ¿de dónde salen esas críticas maravillosas? Deduje (culto no, pero deductivo un rato) que las buenas críticas del film se debían a varios intangibles que no había terminado de pillar.
2/ El cinefórum te puede recontextualizar una película: Si me gustó Saint Omer. El pueblo contra Laurence Coly fue por la maravillosa sesión post-partido de EXPLICACIONES A GOGÓ impartida por el crítico, profesor y programador de cine Javier Hernández Estrada (creo que escribe en la revista Caimán… y un señor que dice amar tanto las revistas de cine como yo debería saberlo). Este tío pilló el micro (que usó a modo de linterna -metafóricamente, no está loco-) y empezó a arrojar luz en aquella cueva oscura en lo que yo me hallaba. Entendí de dónde venía la protagonista, cuáles eran sus orígenes y situación en Francia, cuál es la relación entre Francia y el Senegal, el porqué de las elecciones estilísticas y temáticas de la directora Alice Diop, cuáles eran las afirmaciones (afirmadas sin afirmar) que se daban en la película sobre la maternidad, la feminidad, el sentido de la justicia y si este puede existir a través de ese ojo viciado nuestro… Flipé, básicamente. Este tío demostró conocimientos y pasión por la película de una manera contagiosa… y una cintura excelente cuando tuvo que torear con alguna de las preguntas que se le hicieron por parte de la audiencia (yo estuve callado como una rata).
3/ La gente expone, y muy bien, sus opiniones sobre las cosas: Yo solo opino en Google Reviews porque es más fácil despotricar ahí de unas alioli duras y del día anterior que en la misma cara del dueño del bar (… vaaaaale, y porque me encanta escribir, también); pero me fascinó lo mucho y bien que habla la gente en un foro público. La gente no tenía miedo de decir abiertamente lo que pensaba de la película, ya fuera acertado o equivocado lo que pensaban. Esto es algo para mí interesantísimo, ya que siempre le paso 20.000 filtros hasta a un simple “buenos días” que tenga que decir en público. Ojalá esa facilidad para pedir el micro y, simplemente, soltar lo que se me pase por la cabeza. Y no es solo que asistiera con absoluto agrado a lo participativa que estuvo la gente; sino que me gustó mucho lo bien que argumentó la mayoría de la gente, lo enriquecedoras que son las opiniones de los demás para modular la propia (o no), y lo alucinante que es reunir a 30-40 desconocidos y ponerlos a comentar sobre algo que han visto… todos nos entendemos a las mil maravillas, independientemente de nuestra edad, clase o amor desmedido por los donuts fondant. Entendí en este cinefórum que las personas estamos abocadas irremediablemente a entendernos. Aunque nos quieran hacer creer lo contrario.
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… Por fin una newsletter de estas en las que tengo algo que contar, ¿eh? Venga, tampoco te relajes mucho, que ahora toca el autobombo obligatorio. Cosas que he hecho estos últimos días para estar un poquito activo:
En Noches de Miedo repasé las pelis de miedo y thrillers de la plataforma FlixOlé (es una turra de una media hora al final del podcast, pero bastante instructiva de lo que podéis encontrar, yo creo que es casi como un libro de autoayuda pero aplicado a contenidos)
Pili Halliwell y yo volcamos (from the heart) nuestras primeras impresiones de Scream VI, una película que quizá los médicos deberían recomendarme de forma intravenosa (si fueran médicos responsables y profesionales)
En Scanners (solo para mecenas y sin ningún spoiler) le confesé a Mat todo lo que pensaba sobre Scream VI después de haberla visto en un pase de prensa a las 10 de la mañana que parecía aquello el Joy Eslava un viernes por la noche de la excitación que reinaba en la sala (… el Joy Eslava sigue existiendo, ¿no?)
Te recuerdo, persona entrañable que lees estas líneas y que tienes bondad en tu corazón, que sigo a la caza y captura de un trabajo en el que pueda escribir, editar, hablar o cortar los bordes de los sandwiches de Rodilla… tan solo para luego escribir un artículo sobre la experiencia y no volver a cortarlos nunca (¡já!); así que si recomiendas esta newsletter a alguien (o la compartes dándole al botón de abajo) habrás puesto de parte para que el universo alcance un cierto equilibrio (y para que yo deje de estar en pijama a diario hasta las 11 de la mañana). ¡Gracias!