martes, 12 de abril de 2022

Salchichinas

Si hay un plato que se me de bien, que podríamos llamar mi "especialidad", esas son las salchipapas. La alquimia que consigo cuando junto litros de aceite (de girasol me vale), salchichas en rodajas y kilos y kilos de cebolla es algo out of this world. Mi contraataque a la dieta sana creo que es definitivo. Y es que yo siempre he sentido una afinidad grande no solo por los platos grasientos (uno es quien es, esto es un unmasking y no lo del último Batman con la corrupción de Gotham), sino por las salchichinas. Siempre he encontrado muy gustosas estas porciones de dudosa carne embutidas en pirulillos. Para chulo chulo, you know the song. Además, cuando era pequeño había un chaval del colegio al que todos llamaban salchichino. No hay para mí otra forma de referirme a las salchichas que como salchichinas, sin duda en sentido homenaje a un chico que para mí no significó nada en absoluto. Es por esto que cuando he leído esta opinión en Google Reviews sobre las tapas de un bar que no se mete con nadie he sentido la PULSIÓN de compartirla con todos vosotros:

Estoy con el dueño a muerte.

jueves, 31 de marzo de 2022

Cuando el dueño de tu hotel es un psicópata

Hace un par de años, puede que tres (puede que SEA VIEJO Y NO ME UBIQUE), hicimos un viaje por Creta maravilloso, espectacular. Una cosa monísima. Paramos un par de días en una de aquellas pequeñas localidades llenas de encanto, olivitas, puestas de sol, tourists traps; y esa omnipresente mezcla de azul y blanco que inunda toda la isla. El hotel en el que decidimos hacer noche tenía buena pinta: bueno, bonito y barato. Y, de regalo, dueño pintoresco. Lo pintoresco siempre se agradece.

Salvo cuando lo pintoresco turns on psycho.

Resulta que a este buen hombre le hice una crítica de su hotel absolutamente amable... pero no en términos tan absolutos como él deseaba. Y fue entonces cuando comprobé que la ABSOLUTIDAD es lo que daba sentido a su vida. Si no le dabas la aprobación absoluta al hotel del que era dueño, te perseguiría absolutamente. Hasta los absolutos confines del planeta TERRA. Terra mítica. Persecución mitológica. El Minotauro. La psicopatía. Todo mezclado.

Se dedicó a mandarme mensajes al móvil pidiendo una rectificación inmediata (y absoluta), que si le estaba haciendo perder clientes, que si mi valoración no reflejaba la experiencia vivida (¿¿pero qué clase de "experiencia" se cree que proporciona este señor alquilándote dos paredes y un techo??), más tarde la cosa ESCALATED QUE FLIPAS y empezó a hacerme llamadas que yo rechazaba sistemáticamente (mi temor por los psicópatas era, también, ABSOLUTO)... y cuando le bloqueé por tierra, mar y aire (en vista de que una de las convicciones de este señor era su profundo desprecio por el diálogo), empezó a llamarme desde DISTINTOS TELÉFONOS FIJOS distribuidos en distintas regiones de la isla de Creta. ¿Llamaba él? ¿Llamaban sus amigos hoteliers? ¿¿Tenía una red de hoteleros perfectamente conjuntada para ANIQUILAR LAS CRÍTICAS NEGATIVAS como si fueran los de la Cienciología? No podía bloquearle. Su as en la manga (los teléfonos fijos, el cableado, los estúpidos postes de la luz) me había dejado en pañales. En pañalitos. Gugu tata. El dueño había recurrido a la era analógica para puentear al mundo digital. Él era el Minotauro y yo estaba encerrado en su siniestro laberinto. De la botella de champán (barato), el zumo de frutas (puro concentrado) y la cesta con manzanas de aquella entrañable noche en la que nos recibió no quedaba ya ni la pegatina que ponía "pink lady". Venía a por mí. Venía con todo. Y no se detendría hasta que mis deditos teclearan su macabra melodía.

Oye, que nada, que al final llamé un par de veces a Booking (y les mandé dos o tres emails, con estas cosas hay que ser pesado) y le dijeron al buen hombre que lo de acosar a huéspedes está feo y que o "deponía su actitud" o tendrían que tomar medidas contra su establecimiento.

El acoso frenó de manera ABSOLUTA. Y mi valoración positiva, pero no radicalizada, de su hotel se quedó tal cual estaba. Podría haberle dado al "EDIT" y actualizar mi comentario alertando a sus futuros huéspedes... pero entendí que cuando escapas de Ghostface, Michael o Jason, lo único que puedes hacer es disfrutar del regalo de la vida que no te ha sido arrebatada. 

De esta (apasionante) vivencia saqué dos conclusiones: la primera es que por mucho que el mundo nos ofrezca la posibilidad de criticarlo todo y puntuarlo todo y valorarlo todo, a veces no es necesario (no me acabo de aplicar el cuento del todo); y, la segunda, que nunca sabes donde va a saltar la sorpresa.

Que se lo digan a Marion Crane.

viernes, 14 de enero de 2022

El piso que quiere tema

¿Quieres encontrar el piso perfecto y estás ya harto de agentes inmobiliarios LADINOS? (esa gente LADINA es lo peor). Pues bien, ¡estás de suerte! Y es que los pisos han empezado a anunciarse a sí mismos, sin duda movidos por su deseo de encontrar al mejor inquilino posible. Han decidido eliminar al middle man y buscar ellos mismos a la persona que pisará sus suelos, abrirá sus ventanas y... oh, sí, se revolcará en las sábanas de su cama, hmmmm, qué puede pasar aquí. Os copio el anuncio real de un piso que acabo de ver en Idealista. Repito: es el propio piso anunciándose a sí mismo. ¿Para cuando su propia cuenta de OnlyFans? ¡Este piso quiere tema! (destaco en amarillo los hits del anuncio).

ME ALQUILAN! Bienvenidos, soy un piso moderno y elegante, completamente reformado, soy guapo y simpático. Busco inquilin@ que sepa apreciar, disfrutar y cuidar mi belleza. Soy un piso tranquilo, actual, vanguardista, con cocina americana e isla, ¡cómo le gustaba a mi inquilina tomar café en esa isla!

Tengo 2 dormitorios, un baño, y estoy en una primera planta, por lo que soy muy cómodo. Suelo gustar bastante y tengo bastante éxito, pero mi inquilina actual ha tenido que marcharse por trabajo y me he quedado solito. Mi cocina está amueblada y tengo nevera, congelador, lavadora, vitrocerámica, freidora y microondas.

Estoy en una zona muy tranquila, pero muy bien comunicada, a 3 minutos andando de todo tipo de transporte público. (línea 6 de metro, lucero y laguna), cercanías renfe, y varias líneas de autobuses.
¿Quieres conocerme? Puedes verme en mis fotos y en el tour virtual
pero si quieres venir a verme en directo, te advierto que soy provocador y causo flechazos.

miércoles, 5 de enero de 2022

Por qué he escrito un guion de Scream

Porque de pequeño soñaba con ser guionista y la vida que llevo ahora le provocaría a Ghostface unas inmensas ganas de clavar su cuchillo una y otra vez. Sssssssh, tranquilo, Ghostface, tenemos trucos para no desatar nuestros impulsos asesinos. Como, por ejemplo, mudarnos a Woodsboro unas semanas antes del estreno de la nueva película de la saga Scream y vivir nuestras propias aventuras en ella. Es irónico o curioso o yoqueséqué el hecho de que mi "happy place", mi rinconcito feliz en el universo, sea una franquicia de un asesino en serie; que lo que más me divierte en el mundo sean las muertes en carambola, casi en secuencia de pinball, de un grupo de adolescentes a manos de un señor enloquecido... pero aquí estamos y para qué lo vamos a ocultar. Tirarme cosa de un mes escribiendo mi propia quinta parte de Scream me ha valido para rematar bien un año malo. Y mira, por ahí ya he salido ganando. Además, con esto es como si para mí hubieran dos quintas partes de la saga: la que yo he escrito y la original, que va a llegar a los cines en un abrir y cerrar de ojos. Así que, si eres fan de la saga o solo de los slashers o solo de los señores que se evaden de su propia vida y sus responsabilidades escribiendo guiones en su tiempo libre (ay...), te recomiendo que visites screamguion.blogspot.com y te leas o descargues (ahora que he renovado el archivo tanto en Google Drive como en WeTransfer) una cosa que he escrito con muchísimo cariño. No será la última cosa que escriba con muchísimo cariño, aunque espero que sí una de las últimas que escribo solo para pasármelo bien yo y cuatro gatos. Espero que este año pueda escribir para más gatos. Veremos.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Dogman

Ha sido un año, cómo decirlo... lamentable, pero no quería acabar el año escribiendo sobre lo lamentable que ha sido (eso prefiero dejarlo para el año que viene, cuando el nuevo sea un poco menos lamentable y pueda así compensar la lamentabilidad de uno con el otro), sino sobre una de las cosas que más me gustan del mundo: leer revistas viejas. Loida se alarma cuando ve la fecha de las revistas que estoy leyendo la mayor parte del tiempo: febrero de 2016, marzo de 2019, quizá julio de 2014... me encanta leer viejos ejemplares de revistas, concretamente de revistas de cine; y, concretamente, de la (fallecida, snif) revista Imágenes, mi revista de cine o no de cine favorita de todos los tiempos. Hace poco me vi a mí mismo leyendo el ejemplar de noviembre de 2018 (no soy yo quien elige la revista, sino que es la revista quien me elije a mí) y gocé como un niño chico leyendo la crítica de Hilario J. Rodríguez de la película Dogman, que no he visto pero ahora quiero ver. Por algún motivo que desconozco (quizá para combatir el tedio de mi nuevo trabajo), me he propuesto transcribir toda la crítica, letra a letra (y respetando sus faltas de ortografía y/o redacción -¡ay, ese último párrafo!-), de las páginas de Imágenes a mi blog personal. ¡Sigo siendo un juntaletras! Escribir me gusta aún más que leer viejas revistas de cine... Uno es quién es... En fin, os invito a leer la crítica, que me parece fantástica. ¡Feliz salida y entrada de año, que este que empieza os traiga muy poca lamentabilidad!

Lo que distingue esta película del cine negro al uso es que en ella importa menos el cómo que el qué. Es decir, importa menos su retórica o su gramática que lo que podemos hallar bajo esa retórica o esa gramática. Sus imágenes no construyen Historia con mayúscula, tan solo narran su propia historia: humilde, irrespirable, terrible...

Si nos fijamos en El Padrino (1972, Francis Ford Coppola), que comenzó siendo una película para luego convertirse en una serie (cinematográfica, aunque también haya un montaje televisivo), nos damos cuenta de que en ella lo que de verdad importa no es tanto su contextualización o su conceptualización como su iconicidad, importa más su superficie que su substancia. Don Vito no es mafioso asesino, es Marlon Brando y Robert De Niro, dos de los mejores actores de la historia del cine, capaces de hacer que siempre (o casi siempre) nos gusten sus personajes, interpreten a quien interpreten, más allá del Bien y del Mal. Al Pacino, James Caan, Diane Keaton, Talia Shire & Co. otro tanto de lo mismo. No proyectan imágenes porque han acabado convirtiéndose en retratos para el forro de nuestras carpetas y para las grandes pinacotecas. Por eso es tan difícil sobrevivir a esas películas, especialmente a las dos primeras. Son el alimento perfecto para los mitómanos, que no las ven, las veneran. Algo así sucede con Los Soprano, donde James Galdonfini juega al mismo juego que Nicolas Cage en la mayoría de sus películas: a interpretar de manera desatada, como si el cine se pudiera extinguir con cada plano. Para entendernos, bastaría con preguntarnos de qué va una película de Dario Argento o Quentin Tarantino, y en seguida nos damos cuenta de que no va de misas negras, espeleología del Mal, el Holocausto, ni la Guerra de Secesión; va de Dario Argento y Quentin Tarantino (sin que eso signifique nada en su contra).

Dogman, sin embargo, no va de Matteo Garrone, que cada día me gusta más aunque su obra haya puesto el listón muy alto. Dogman no es El adversario de Emmanuel Carrere ni El asesino de Pedralbes (1978, Gonzalo Herralde), donde a dos asesinos confesos se los observa con una mirada hipnotizada pero no hipnótica, dejándolos desplegar su personalidad egocéntrica y su visión distorsionada del mundo, con esa fascinación malsana de quienes saben que tienen entre manos un buen producto para vender a las masas. No, en absoluto. Dogman no se parece en nada a los ejemplos dados, ni en la narrativo ni en lo visual. Su rollo es más científico, menos periodístico, un poco a la manera de Roberto Saviano y su celo por la precisión en las descripciones y por los análisis locales (por si tienen alcance mundial y a alguien le sirven), sin droga dura ni Shakespeare.

Dogman trata de periferias y responsabilidad. Trata de un pusilánime Marcello (Marcello Forte), al que no asustan ni los gran daneses ni los rottweilers, capaz de aguantar más hostias y humillaciones que un saco de boxeo, con cara él mismo de perro apaleado porque está divorciado y quiere mucho a su hija. Trata también de un burro con patas Simoncino (Edoardo Pesce), que va girando y amenazando y hostiando a quien se ponga por delante, y a quien te gustaría ver siendo torturado en Saw o en algún programa de guerra psicológica tipo Sálvame Deluxe, Operación Triunfo, MasterChef o Gran Hermano, que son los favoritos de la gente con visión y mentes periféricas. Verlos juntos o por separado resulta tan frustrante como observar una célula enloquecida a través de un microscopio. Uno puede preguntarse de dónde vienen y adónde van, pero en el fondo lo que quiere es que algo o alguien los borre de la faz de la Tierra. Las medias tintas no valen con ellos a no ser que nos pongamos a hablar de Ricardo III, Trump o el Fondo Monetario Internacional. Son las periferias, las mismas de Las horas del día (2003, Jaime Rosales) o la estremecedora novela Felices como asesinos. No están en Siria, ni describen a miembros de ISIS. Están aquí, a nuestro alrededor. Sin embargo, el mundo da la sensación de no ir con ellos, me refiero al mundo de la libertad, la igualdad y la confraternidad, ese mundo donde las mujeres luchan por hacerse oír y todos deseamos mejoras en el sistema educativo y en el sanitario. Y lo peor del caso es que no son anomalías, en algunas partes son de hecho la norma. Garrone no sé cómo los ve, los muestra -eso sí- con una mirada fría y desapasionada, sin violines, trompetas o travellings morales, en una versión de The Walking Dead que más que sustos da miedo, miedo de verdad. Su película nos entrega a los espectadores la capacidad de intervenir, no para decir las tonterías de aquel crítico en Caro Diario (1993, Nanni Moretti) al hablar sobre Henry, retrato de un asesino en serie (1986, John McNaughton), tan solo para pensar, después de haber visto -eso sí- un espectáculo desolador (y magnífico) sobre la monstruosidad social, la íntima y la pública, la que ladra y la que muerde.

No os hará mejores cinéfilos, ni tan siquiera mejores espectadores de cine, pero quizás os ayude a no observar la realidad de una manera menos pasiva.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Todos durmiendo a la vez

Fue como un suspiro, apenas un rafagazo, pero me dejó torcuato. Me refiero a un momento (mágico) del episodio de Sarah Jessica Parker en Comedians in Cars Getting Coffee (lo de las mayúsculas en los títulos americanos es un desvarío absoluto en el que algún tendré que poner algo de orden). La actriz, que es considerablemente campechana y extiende cheques de simpatía con la misma facilidad con la que compraba zapatos en Sexo en Nueva York (imagino, no sé), le soltó a Seinfeld una reflexión que pasó un poco sin pena ni gloria por los oídos del cómico pero que a mí aún me tiene dándole vueltas, encadenado a ese pensamiento como si hubiera salido de la cabeza de la intérprete con pegamento Imedio en su base. La Sarah se asombraba de que todo el mundo duerma al mismo tiempo en Nueva York; aunque entiendo que este pensamiento se puede hacer extensivo a cualquier otra gran metrópoli. A la actriz le parecía inconcebible que todos los habitantes de una  ciudad se colocaran en posición vertical con los ojos cerrados al mismo tiempo. "Imagina, Jerry", estoy parafraseando, "todos esos cuerpos tumbados a la vez, todos haciendo lo mismo pero cada uno en su casa".

Vale, puede que la reflexión no sea para tallarla a golpe de cincel en su lápida (y quiera Dios -Louis Vuitton- que eso pase dentro de muchísimos años), pero si te paras a pensarlo un segundo, la cosa tiene su miga: millones de personas haciendo planking al unísono, dejando la ciudad a su suerte. TODA UNA URBE EN PAUSA, INMOBILIZADA, EN UNA ESPECIE DE FLASHMOB MUDA Y MASIVA. Una crisálida compartida, un refugio comunal. El Kit-Kat democrático.

jueves, 28 de octubre de 2021

Los trabajos. Los micrófonos.

Nada hay más bonito que empezar un nuevo trabajo. Todo es felicidad, caras alegres (extremadamente alegres si trabajas desde casa y te obligan a conectarte la cámara), compañeros recién salidos del horno, alfombras rojas, un universo de posibilidades. El problema de los comienzos de un trabajo es que se terminan, que luego llega el trabajo en sí. Estoy hablando de LA RUTINA DEL TRABAJO, que ya no es nuevo y fulgurante, sino un huevito kinder que te acabas de comer y lo único que queda es ese camioncito de plástico que puede provocarte una asfixia mortal si te despistas.

Digamos que he entrado en esa fase.

Digamos que, a partir de ahora, mi único objetivo va a ser evitar comerme el camioncito.

Pero Juan, ¿no deberías intentar buscarle una vuelta a tu nuevo trabajo o, quizás, perseguir nuevas metas profesionales?

Me alegro de que me hagas esa pregunta, inerte blog.

Mi respuesta es que lo primero puedo intentarlo, pero que a lo segundo le he puesto yo mismo un candado por motivos que serían muy largos de explicar.

Candaditos.

OnlyFans.

jueves, 14 de octubre de 2021

Lo peor de trabajar con Microsoft Teams

Toda luz tiene su reverso tenebroso, decían en el doblaje, ya de tiempos de antaño, de una película sobre alienígenas y granjeros. Y como muestra de la verdad de tal afirmación, valga este botón. Hace unos días me puse delante del ordenador a enumerar las ventajas de trabajar con Microsoft Teams... bueno, pues no todo el monte es orégano (o no todo el monte es "oregáno", con tilde en la "a", como diría el popular y traviesillo chef Jamie Oliver). He aquí una lista de desventajas, serios hándicaps, piedrecillas en el zapato de Microsoft Teams:

- Lo peor de trabajar con Microsoft Teams es que me puedo ver con detalle la papada que asoma, acechante, bajo la barbilla. No hay ángulo muerto donde esconderla, no hay regate a la lente posible; está allí en toda su majestuosidad. Y esa papadiuk es visisible para todos tus compañeros. Esto es terrorífico. A ver, que en la propia oficina en los tiempos pre-Covid también te veían pero tú alejabas el foco cuando querías (te marchabas, te ponías de perfil, dabas con la fórmula de la invisibilidad, le tirabas café ardiendo en la cara al compañero, etc.)

- Lo peor de trabajar con Microsoft Teams es que hay que fingir interés todo el rato. Esto es si te obligan a ponerte la cámara, claro. Si no, con decir "ahá", "vale", "entiendo" para que se ilumine tu cuadrícula como en el VIP Noche ya va que chuta. Se ve que "estás ahí". Pero con la cámara puesta tienes que... INTERESARTE. Interesarte, la barrera definitiva.

- Lo peor de trabajar con Microsoft Teams es que... a ver cómo lo digo... hay que ducharse. No es que yo no me duche, sino que a veces, y ya que estoy en mi casa, me gustaría ducharme, qué sé yo, a las diez de la mañana, en mi descansito de 15 minutos. Si me levanto muy cerca a la hora de inicio del trabajo, Y YA QUE ESTOY EN MI CASA, ¿por qué no conectarme tranquilamente y ya me ducharé en el break? Bueno, pues no. La exigencia de poner las cámaras te obliga a tener, al menos, una cintura para arriba duchada. Y como ducharse solo medio cuerpo no tiene sentido (a no ser que trabajes como cuerpo partido para los números de los magos con el serrucho), no queda otra que ducharse antes de empezar a trabajar. Hay gente que puede ponerse la cámara a primera hora aún sin haberse duchado y no se nota mucho. Yo, lo siento, pero me levanto como un Critter.

- Lo peor de trabajar con Microsoft Teams es que cuando tus compañeros se ríen abiertamente de una anécdota o en cualquier conversación que a ti te deja frío no queda otra que fingir SOSLAYO. Esto en persona como que se lleva mejor, te emboscas en la multitud, pero con la cámara haciéndote un primer plano tienes que sacar una interpretación de Oscar, como cuando Joey ensayaba para los Premios Culebroni. Yo siempre opto por cambiar la conversación rápidamente. Ejemplo: hacen un chiste sobre motores de coches y el jajajaja es imparable; yo cambio el paso: "Oye, ¿y este interés por la automoción de dónde te viene?". En plan "ya me he reído muchísimo con esto pero voy más allá y quiero llegar a tu alma". Otra opción es no emitir ninguna emoción humana y descubrirte, finalmente, como lo que eres: UNA VAINA EXTRATERRESTRE.

- Lo peor de trabajar con Microsoft Teams es que no dejan de proponerte trabajos en grupo, en parejas, colaboraciones al máximo... A ver, ¿esto en la oficina sería igual, con jueguecitos y tonterías, o lo haría cada uno por su cuenta? Estoy en casa, duchado (qué remedio), riendo las gracias y con la camarita puesta, no me pidas también que haga el pino puente. Gracias.

jueves, 7 de octubre de 2021

Odin Dupeyron, el anti Mr Wonderful

Suelo ser contrario a cualquier vídeo motivacional, speech inspirador, charla TED Talk o "magnífica demostración de marketing de Steve Jobs" que me pongan en un training. No los soporto. Los desprecio. No porque me considere más listo o por encima de lo que pueda decir uno de estos charlatanes ponentes, sino porque, en general, no me creo nada. Soy muy Scully en temas de "con lo que está diciendo esta persona puedo mejorar mi vida". I WANT TO BELIEVE BUT YOU ARE NOT FOOLING ME. Sin embargo, el otro día, salido de la nada, como un topillo rebelde que se asoma a la ciudad desde las alcantarillas si los topos vivieran en las alcantarillas, me pusieron un vídeo que me impresionó. Allí salía un señor, un tal Odin Dupeyron, que decía varias cosas a tener en cuenta. Que no vendía el cuento de siempre. Y le banco totalmente. Aquí os lo dejo:

jueves, 30 de septiembre de 2021

Screenlife: Las películas que ocurren dentro de una pantalla

¡Por fin una palabra para dominarlas a todas! No sabía yo cómo llamar a esas películas donde toda la acción tiene lugar en la pantalla de un móvil, tablet o portátil y por fin Hollywood me ha dado el término: Screenlife, algo así como, “la vida de la pantalla”. He aquí una mini-lista con las películas que más me gustan de este mini-género también conocido como Screen-movies (está triunfando tanto que ya hasta se plantean secuelas de pelis de acción adoptando esta vía):

1/ Searching: Un padre buscando desesperadamente a su hija desaparecida. Thriller como la copa de un pino que utiliza a las mil maravillas el ordenador del padre y la hija cómo fuentes de investigación. Tiene giros y corazoncito, super-recomendable. La siguiente película de su director, Aneesh Chaganty, es otro thriller que me dejó torcuato, Run (Mamá te quiere); esta ya no usa el recurso de las pantallitas pero es de morderse las uñas a base de bien.

2/ Unfriended (Eliminado): Un fantasma (o presencia indeterminada, ser sospechoso, presencia ectoplásmica no identificada) se cuela en una charla entre amigos y allí pasan cositas muy chungas. Me encanta lo bien que se usan todos los recursos (ahora la playlist, ahora el Skype, ahora el Facebook, ahora el correo, ahora el…) para ir creando el intríngulis. Una de las primeras películas del género screenlife a cargo del director y productor ruso Timur Bekmambetov. Recaudó 64 millones de dólares con un presupuesto de tan solo un millón. Hit. 

3/ Host: Gente haciendo la ouija en Zoom. Tiene un par de momentos que te pone los pelos como escarpias (Escarpias: The Movie) pero se queda cojita, ¡el punto de partida daba para mucho más! En cualquier caso, es una película que va directamente al susto sin buscarse excusas de "grupo de amigos al que se le cuela una presencia extraña", no, no; aquí van directamente a hablar con espíritus con internet de por medio, la propuesta es descarada y no está mal resuelta.

4/ Unfriended: Dark Web: Secuela muy decente de Eliminado que se interna por los correosos caminos de la “dark web”, esa internet oscura y secreta donde campan a sus anchas los elementos más despreciables de la sociedad. Tiene menos “misterio/intríngulis” que la primera pero está llenita de momentos crudos y viscerales. Recomendable.

5/ Open Windows: Para ser una cinta del siempre intrigante Nacho Vigalondo y con ese concepto tan chulo, me esperaba más. Aún así, merece la pena por ver el despliegue técnico y por ser una de las primeras del “género”.

Otras películas de este género pantallil son Megan is Missing (que le disputa a Unfriended el título de primera película de este tipo, además de haber generado una gran polémica por sí sola), Rattler, Profile (también de Bekmambetov, se toca el tema de los terroristas yihadistas y su presencia en redes), Spree (con uno de los chicos de Stranger Things como conductor de Uber que quiere ser un YouTuber famoso, pasable y poco más) o Safer at home (que inevitablemente introduce la pandemia en el género).

Doctor Sleep no quiere que durmamos

He vuelto a ver Doctor Sleep , la película de 2019 que hace un doble combo desconocido hasta entonces, corregidme si me equivoco: es secuel...